miércoles, 27 de junio de 2012

Gus Van Sant – Restless (2011)


“Hay un tipo de pájaro cantor que cree morirse cada vez que cae el sol. En la mañana cuando sale el sol, se sorprende de seguir viviendo”
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Dicen que un hombre es completamente feliz cuando vive sin miedo y eso implica dejar de temer por las cosas inevitables como el hecho de enfrentarse a la muerte incluso si esta se presenta en un momento inesperado. La naturaleza dice que como humanos vivimos un proceso que no termina sino que se completa al fallecer.
Hay dos formas de vivir la vida: quejándonos por lo que no somos capaces de conseguir y lamentándonos por todo lo perdido, o aprovechando cada segundo de nuestra existencia como única opción para vivir con plenitud. Desafortunadamente la segunda opción, aunque es la más atractiva y LÓGICA, es la más difícil de llevar a cabo, en parte por las costumbres, la educación y todas aquellas cosas (morales) que nos meten en la cabeza. Suele suceder que quienes logran este objetivo se enteran cual será su destino.
Este es el caso de Annabel, una jovencita a la que le queda poco tiempo de vida tras el hallazgo de un tumor maligno. A pesar de las circunstancias esta enfermedad no le resta vitalidad y no agota  su pasión por conocer el mundo de las aves. Eso la mantiene con un espíritu soñador.
En contraposición  a esta circunstancia, Enoch es un joven sano pero infeliz que no supera el duelo de la pérdida de sus padres. Tras pasar varios meses en coma, al despertar se ha refugiado en un mundo fantástico en donde Hiroshi, un kamikaze, se ha convertido en su mejor amigo imaginario.
Como suele hacerlo el gran cineasta Gus Van Sant, Cuando el amor es para siempre, es una película de personajes, íntima, en donde cada uno de ellos se complementa en una historia de amor que vence la barrera del drama y la tragedia. Alguien lleno de vida pero con escaso tiempo para vivir, le da chispa a otra que se ha desviado de su camino perdiendo las esperanzas.
Ya está disponible en tiendas el DVD de esta extraordinaria película existencialista. Por eso este material incluye 5 complejos reportajes donde se explica la relación entre los protagonistas principales y el personaje imaginario de uno de ellos.
Restless, título original de este film, no se trata de aquellas historias que buscan la lágrima pues en evidencia está la desgracia de una temprana partida y la ironía de un amor naciente. El film se concentra en los momentos que restan por vivir, en la necesidad de entregar amor, de sonreír y disfrutar sin pensar en el tiempo o  en cualquier otra consecuencia. Su historia es de esos amores poco convencionales.
El trabajo de los dos protagonistas, la ya conocida actriz australiana Mia Wasikowska (Los niños están bien) y el novato Henry Hopper, es muy bello. Ambos entendieron perfectamente la transparencia y el buen espíritu de esta historia y la necesidad de llevar un mensaje moderno, natural y esperanzador sobre el proceso de la muerte.
La música de la película es sutil, como la ambientación en tonos rosas y el vestuario vintage de algunos de los personajes. Restless, es una tragedia abordada desde una perspectiva menos dramática, con toques tanto modernos como clásicos. Esto aclara la intención del cineasta de plantear una historia que bien puede pasar en cualquier espacio o tiempo o persona, pues el DVD también incluye la versión muda de la película.
Por supuesto, aún sin verla, ya se sabe cual será su final pero a este llegamos desde otro ángulo, desde la perspectiva como deberíamos todos percibir y aceptar la muerte, de lo importante de despedirse con alegría puesto que finalmente, quien se ha ido, sean cuales  sean las circunstancias de su partida, ya ha completado una parte esencial de su ser y se dirige a su nuevo camino de trascendencia.
Gus Van Sant es un director que siempre propene cosas novedosas, incluso cuando un tema se ha tratado mucho. Sus obras se destacan por el estilo, las imágenes y la narrativa simple en medio de dramas profundos y complejos.
FA 4811

Andrea Arnold - Wuthering Heights (2011)


Cumbres Borrascosas de Andrea Arnold
De la mano de la directora británica Andrea Arnold nos llega la nueva adaptación cinematográfica de la novela clásica de Emily Brönte, Cumbres Borrascosas, película inaugural del segundo Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM). La realizadora aclamada en todo el mundo aun cuando lleva una corta carrera, vuelve a deslumbrar al espectador con este filme que muestra el legado de las corrientes minimalistas como es el impresionismo y el naturalismo, así como su herencia del Dogma 95.
Estamos ante una visión libre de la novela, no es pretenciosa ni mucho menos quiere hacer una copia fiel del texto, el gran logro de Andrea Arnold es su visión minimalista donde la atmósfera gris de los enormes espacios naturales y el viento, son los verdaderos protagonistas para entender la historia de amor y venganza entre Catherine Earnshaw y Heathcliff.
La directora logró una depurada esencia impresionista en la cual la atmósfera que rodea a los personajes es reflejo de su atormentado interior, su consciencia y sus sentimientos; elementos centrales en la historia de Cumbres Borrascosas.
El único punto débil que tendría la película es la actuación de Kaya Scodelario, quien interpreta a Catherine adulta, a quien le faltó expresar la disyuntiva amorosa entre la que se dividía. Por su parte, el Hethcliff de Arnold es la antítesis de los que aparecen en otras versiones cinematográficas, de entrada el encargado de dar vida a este personaje solitario es una actor afroamericano de nombre James Howson mostrando una buena interpretación, medida y en apariencia, un tanto menos vengativo.
Sin duda esta es una versión arriesgada al clásico de la literatura, con un ritmo lento, con encuadres contemplativos, sobria hasta en los diálogos (contiene poquísimos), es una película que apuesta por la imagen y los sonidos ambientales, la música es sólo para los créditos finales.
Cumbres Borrascosas de Andrea Arnold es una gran película, una interpretación diferente a la historia de amor y venganza por excelencia de la literatura británica.
FA 4809

Mia Hansen Løve - Un amour de jeunesse (2011)


"Elegante y ensimismado grabado sobre la anatomía del primer amor de preciosa cobertura pero aún más valioso mensaje.

Con tan sólo veinticinco años la joven actriz Mia Hansen Løve debutó en la realización con Todo está perdonado (Tout est pardonné, 2007), un refinado filme sobre la paternidad presentado con éxito en la Quincena de Realizadores de Cannes. Una credencial que la marcó como el gran valor del cine galo de autor en este comienzo de milenio. Algo que corroboró con su segunda película, El padre de mis hijos (Le père de mes enfants, 2009), que obtuvo la mención especial del jurado en la sección Una cierta mirada de Cannes el año de su estreno. Un inicio de carrera ejemplar y con cierta grandilocuencia que contrasta con el noto intimista y autobiográfico de sus obras. Con referencias claras a la Nouvelle Vague, la cineasta parisina ahonda en lo más profundo de su memoria como estructura arquitectónica de su filmografía. Unos recuerdos con claroscuros que pasan de la esencia familiar de sus dos primeras cintas a la melancólica mirada del primer amor. Ese que marca y jamás se olvida. Esa desgarradora sensación que se mantiene para siempre. Mención especial en el prestigioso y tradicional festival de Locarno (Suiza), Un amour de jeunesse (2011), nos acerca con tono lírico al evocador primer susurro del amor. Un hecho que no contiene ningún tipo de directriz o edad pero que supone el paso definitivo del umbral de la infancia. A partir de ese instante toda la evolución vital irá acompañada por ese convergente fondo que marcará el ánimo y las fuerzas de nuestra existencia. Un concepto atávico, inherente a la humanidad, que contiene un gusto amargo pero también esperanzador. Una conmoción que siempre perdura y que Hansen Løve extrapola a la joven Camille (interpretada de manera casi estoica por Lola Créton) tras la marcha de su novio Sullivan (Sebastian Urzendowsky) a Sudamérica. Todo exhibido de forma silenciosamente dolorosa, dolorosamente bella.

Un amour de jeunesse es una alegoría articulada en una enorme elipsis que sitúa el lento desarrollo de su protagonista. Nos muestra situaciones mil veces reflejadas en el celuloide pero sin caer en concesiones o edulcorantes. Pese a centrarse en el dolor mantenido de Camille su esencia va más allá de la experiencia individual, convirtiéndose en un didáctico tratado de como el ser humano se comporta de manera diferente ante el mismo hecho. La narración no se posiciona de ningún lado solo emite los anhelos de dos jóvenes que luchan por la libertad. La libertad de amar pero sobre todo la de vivir. Mia Hansen Løve y su lente captan los diferentes ritmos y emociones de forma realista y etérea un estilo que recuerda, salvando las distancias, al impreso por Richard Linklater en su díptico romántico Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) – Antes del atardecer (Before Sunset, 2004).

Un taciturno París cobra vida como acompañante de estas almas que se resignan a creer que el pasado seguirá siendo eso, pasado. Un impresionante carrusel de imágenes desfilará por nuestra retina y pese a que el ritmo o la momentánea autocomplacencia baja en definitorios instantes el nivel, su semilla quedará impregnada en la mente de una platea que en variante medida también sentirá esa aflicción como propia. El plano final con el tema The Water de Johnny Flynn es el camino elegido o inducido en todos nuestros casos. Un perfecto epílogo, todo sigue su curso sea cuál sea. El amor como un resplandor – parafraseando levemente al maduro profesor interpretado por un sensacional Magne Håvard Brekke – que aparece gracias a la luz y que a su lado también acompaña la oscuridad.
FA 4808

martes, 26 de junio de 2012

Hong Sang-soo - The day he arrives (2011)


Con este nueva variación, HSS introduce la música diegética, descarta el color para quedarse con un elegante blanco y negro, y reduce la duración en minutos para convertirThe day he arrives en el más corto de sus largometrajes. Ha alcanzado tal grado de depuración, que consigue filmar su película más refinada, limpia y asequible; pero, al mismo tiempo, tal vez la más rica en matices, lecturas y enredos cronológico-temporales. Si bien eltráiler oficial ya anticipaba un evidente trastorno temporal, el filme posee una deliciosa e intrincada estructura en forma episódica, legible como una línea recta, o como una serie de acontecimientos alternos e intercambiables, o si acaso como el relato de unos hechos que jamás ocurrieron.  Tal maraña de hilos no será fácil de resolver.

Yoo Seongjun es un director de cine retirado –aunque deja entrever que se trata de una decisión personal, probablemente sea mentira– que ahora vive en provincias. Llega a Seúl sin un objetivo demasiado claro más que visitar a su amigo Young-ho. No consigue localizarle y termina de farra con unos estudiantes. Acaba tan borracho que se presenta en la casa de la única mujer que amó –y abandonó–, llorando y arrastrándose patéticamente como solo los personajes de Hong Sang-soo saben hacer: “- ¿Has venido porque estabas borracho? – No, estoy demasiado borracho. No debería haber venido.” Al día siguiente queda por fin con su amigo y a partir de aquí tienen lugar diferentes estampas alcohólico-gastronómicas más o menos análogas. Desde este momento, sería útil algún tipo de conocimiento sobre combinatoria matemática que, por desgracia, descuidé desde el instituto.
Como siempre ocurre en sus películas, los triángulos amorosos terminan, digamos, siendo satisfechos en el plano de lo físico y carnal, pero devastadores a nivel emocional. Esto es una cosa que es así y punto. Al que me gusta no le gusto yo, sino el de más allá. La camarera de la que se enamora el protagonista, es idéntica a la mujer primigenia de la que hablábamos más arriba. No solo es la misma mujer, sino también la misma actriz. Mientras seduce a la nueva, la anterior le envía sms desesperados echándole de menos. Y con las dos se comporta de la misma manera: el frenesí inicial concluye en un “No nos veamos más. No me llames nunca”.

Resulta curioso el hecho de que la taberna que frecuentan los protagonistas se llame “Novela”, lo que Maggie Lee del Hollywood Reporter interpreta como “un gesto hacia la posibilidad ficticia de todo lo que allí ocurre”. Personalmente, considero más acertado valorar las escenas del bar como versiones alternativas de un mismo hecho: charlar, emborracharse y comer. Hay un momento especialmente delicado, la primera vez que acuden allí, en el que el protagonista sale a la terraza a fumar. Acaba de conocer a la camarera, exactamente idéntica a la mujer de su vida. Un travelling de acercamiento acompaña sus pensamientos mientras interpela directamente al espectador y le pregunta “¿Qué debo hacer?” En ese momento mira directamente a cámara –o no, tal vez solo la busca a ella– lo cual podríamos considerar perfectamente como el inicio de un gran flashback o como esa casilla en la que tomar la primera decisión de nuestra propia aventura.
El final parece confirmar toda esta teoría conspiratoria en cuanto a galerías espacio-temporales dentro de la película: Seongjun deambula por Seúl otra vez como al inicio del film. Empieza a nevar. Llama a su amigo y este le dice que no podrá quedar con él porque está muy ocupado esos días. No parece descabellado, entonces, concebir este final como una alternativa a todo el metraje anterior. Una historia que sucedió solo en parte, o no sucedió en absoluto; cada cual es libre de escoger su camino.
FA 4807

Tanya Wexler - Hysteria (2011)


La historia de cómo se inventó el consolador en la Inglaterra de finales del siglo XIX es un tema que se podría abordar de muchas maneras para su puesta en escena: comedia hilarante, ensayo científico, reivindicación femenina... Los guionistas Stephen Dyer y Jonah Lisa Dyerhan optado por coger un poco de cada una para dar como fruto el libreto de Hysteria.
Aunque en su cartel promocional se anuncie como una comedia romántica, la cinta difícilmente podría quedar encasillada en ese género, o al menos de la manera que Meg Ryan, Jennifer Aniston y compañía nos tienen acostumbrados. Hysteria tiene puntos cómicos que arrancan la risa y tiene un romance en formato de trío amoroso (formado por Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal y Felicity Jones), pero también explica de manera ligera en qué consistía la 'histeria' que se les diagnosticaba a las mujeres de la época a la vez que da pinceladas de la lucha del género femenino por su igualdad sin caer en el panfletismo.
FA 4806

Justin Kurzel - Snowtown (2011)


"SINOPSIS: Jamie vive con su madre, Elizabeth, y sus dos hermanos menores, Alex y Nicholas, en una casa de proteccion oficial en los suburbios del norte de Adelaida.
Jamie anhela escapar de la violencia y la desesperación que lo rodea y ve la forma su salvación en John, un hombre carismático que inesperadamente viene en su ayuda.
La figura de John como figura partena arrastrará a Jamie a un mundo de fanatismo y violencia sin que él se de cuenta" 

Durísima película la que nos ocupa en el debut a la dirección de Justin Kurzel. Basada en los terribles acontecimientos ocurridos en Australia y en los periplos del asesino en serie JOHN BUNTING, actualmente condenado a cadena perpetua por el asesinato de 11 personas. Manipulador emocional y psicológico, Bunting llevaba una cohorte de seguidores cual secta de la muerte y se dedicaban a matar gente del entorno cercano a ellos, sobre todo homosexuales y pedófilos, todo ello en los recovecos del suburbio industrial moderno de Snowtown. Baste decir que Bunting fue el peor asesino en serie de la historia de Australia y que trajo verdaderos quebraderos de cabeza a la policía del país.

Centrándonos en el film, lo primero que tenemos que tener para aguantarlo son agallas y templanza, porque la brutal crudeza con la que está realizado nos lleva a una espiral de violencia explícita (física, verbal, de abusos...) que hace que desde los primeros fotogramas permanezcamos perturbados y tensos a la espera, con la sensación de que deberíamos dejar la película sopena de que nuestro estructurado y ordenado mundo se venga abajo. Rodado con una sutil maestría, con unos primeros y absorbentes primeros planos de DANIEL HENSHALL en el papel de Bunting con una mirada cuasi mesiánica (magistral papel el del actor australiano) cuya psicopática empatía lleva al borde del asesinato a cuantos lo rodean. 

Dos horas de metraje que pasan como un suspiro. Dos horas de una altísima técnica cinematográfica en todos los sentidos pero que desgraciadamente lo escabroso del tema hará que probablemente la película sobresalga menos de lo que merece, y es que realmente en ocasiones se hace difícil seguir viendo la cinta. La magnífica fotografía y encuadres de los suburbios industriales refuerzan la ambientación, pero al contrario de otras películas que tratan el tema de los asesinos en serie, aquí se hace un total hincapié en la "sensación de realidad", y como tal no hay profusión de clichés que abundan en el cine americano, sino que se refuerza el gélido, desangelado y desasosegante clima de mediocridad en el que transcurre la vida de los implicados... y es que si hay algo peor que la pobreza, es la pobreza industrial... la de esas gentes que se ven obligadas a vivir en suburbios de nuevo cuño donde se crean microclimas de violencia y donde sus conciudadanos establecen sus propias reglas...


Sólo apta pues a amantes del cine que no sean de flojo espíritu, ya que realmente SNOWTOWN transmite un mal rollo en ocasiones difícil de soportar, pero que al fin y al cabo es tan real como la vida misma... y esa es la principal baza de SNOWTOWN, reflejar unos hechos acaecidos en Australia desde una óptica fresca y genuina cinematográficamente. Por cierto, un diez a su minimalista banda sonora que acompaña perfectamente a ritmo de folk apocalíptico industrial a las ya de por sí perturbadoras imágenes. Un diez al ritmo hipnótico al que su director a impreso a todo el metraje que hace que el espectadore se sienta constantemente vapuleado... y otro diez a la magnética interpretación de Daniel Henshall, que realmente hay que verla para creerla. TÚ MISMO.
FA 4805

Julia Solomonoff - El último verano de la Boyita (2009)


La Boyita del título es una casa rodante pequeña, con forma de burbuja, que se deja imaginar flotando en medio de un mar agitado. Está quieta, sin embargo, en el jardín de una casa de pueblo, una maceta gigante que no pierde, al menos para la niña llamada Jorgelina, su cualidad de refugio, de amparo frente a la vida adulta que se avecina. Julia Solomonoff vuelve a contar una historia de hermanas pero así como produce un equívoco desde el título del film (el cuento empieza cuando la Boyita queda atrás), también lo hace desde la tensión interna entre los personajes, en la que gravita Jorgelina, mientras su hermana mayor, Luciana, aparece poco y siempre del otro lado de una puerta que la pequeña preferiría no trasponer. El último verano de la Boyita es un gentil y muy preciso relato de, diríase, pre-iniciación, que remite por momentos a grandes hitos de directoras argentinas de los últimos tiempos (Martel, Carri, Puenzo), pero que termina levantando vuelo hacia otro lugar por haber encontrado en cierta melancolía estival y en una bienvenida falta de énfasis su energía vital.
FA 4804

Alberto Fuguet - Velódromo (2010)




Escrito y Dirigido por Alberto Fuguet. Un hombre llamado Ariel Roth (Pablo Cerda) está a punto de cumplir 35 años y, con sus ritmos, sus manías y su comodidad, no ve venir que el mundo opina que debe moverse del lugar donde está: en unas horas, por “inmaduro”, es dejado por su novia y también por ¡su amigo! ¿Se moverá Ariel hacia donde quieren los demás? Velódromo se presenta como “una comedia existencial santiaguina”. Y los temas de esta comedia son la edad, el trabajo, los amores, las películas (que Ariel baja de Internet y ve en su computadora) y la posibilidad de ser como se quiere ser. Ariel no le pide mucho a la vida. ¿Acaso eso es mucho pedir? Fuguet cree en las películas narrativas, nada anémicas, en las películas que se mueven (como Ariel en su bicicleta), y sabe que hacer cine es también hablar de éste. Velódromo es una comedia quejosa pero no cínica, con un uso brillante del digital para los exteriores santiaguinos, que todo el tiempo parecen reflejar una luz particular, hermosa en su fragilidad y también hermosa en su plenitud.
FA 4803

Mariano Barroso - Lo mejor de Eva (2012)

Leonor Watling interpreta a Eva, una jueza a la que no le ha importado renunciar a su vida social para ser la mejor de su promoción. Cuando comience a instruir el caso más importante de su carrera, relacionado con el asesinato de una mujer procedente del Este de Europa, entrará en contacto con Rocco, un poderoso empresario interpretado por Miguel Ángel Silvestre. En ese momento, ambos entrarán en un juego de seducción y placer que hara estallar la burbuja de seguridad creada por Eva hasta el punto de ponerse ella misma al borde de la ley...
FA 4802

Max Färberböck - Anonyma - Eine Frau in Berlin (2008)


Una película rompe el silencio sobre las violaciones masivas del Ejército Rojo a mujeres alemanas durante el fin de la Segunda Guerra Mundial. La cinta "Anónima: una mujer en Berlín" se basa en un diario escrito por una mujer durante los dos primeros meses de la ocupación soviética en Berlín, que luego publicó anónimamente en forma de libro en 1954. El diario cubre desde el 20 de Abril hasta el 22 de junio de 1945, cuando las tropas soviéticas entraron a la capital alemana. "Si ellos hacen la mitad de lo que nosotros hicimos en Rusia, estamos perdidos", comenta un amigo a la autora del libro.


El terror frente al terror


"El terror de la población civil alemana al avance del Ejército Rojo tenía sobradas razones" comenta a la BBC el historiador de la Segunda Guerra Mundial Christian Meyer.

Durante el avance de las tropas alemanas en Rusia, los soldados habían violado a un sinnúmero de mujeres rusas y habían encerrado a aldeas enteras en sus iglesias para luego prenderles fuego, además de matar a niños golpeando sus cabezas contra paredes o jugando con ellos al tiro al blanco" comenta Meyer. Los historiadores calculan en alrededor de 125 mil las mujeres y niñas violadas por las tropas soviéticas en Berlín y cerca de 2 millones en toda Alemania, casi todas ellas reiteradamente. "Anónima" relata casos de mujeres violadas de una sola vez por 23 soldados, uno detrás del otro. El libro y la película narran las estrategias de supervivencia de las mujeres abandonadas a sus destinos en medio del escenario apocalíptico de un pueblo derrotado, en un Berlín de escombro y cenizas. Luego de su tercera violación, "Anónima" decide buscar a un protector: "debo buscar un lobo que me proteja de los otros lobos", escribe. Pronto se hace la amante de un alto oficial ruso que, efectivamente, la cuida de los demás soldados.

Silencio de 60 años

Cuando el libro "Una mujer en Berlín" se publicó en 1954, fue tal la protesta de quienes veían en las memorias una afrenta a la honra de las mujeres alemanas, que "Anónima" prohibió su reedición mientras estuviera viva. Luego de la separación de Alemania en una comunista y otra occidental, la discusión quedó cerrada. Para los ciudadanos de la Alemania Comunista, el ejército ruso era oficialmente el libertador del fascismo, para la Alemania Occidental, la reeducación en la democracia les impedía figurar como víctimas después de tener que enfrentarse a los horrores provocados por el nazismo. En el año 2003 se editó nuevamente, luego de la muerte en el 2001 de su autora, que las investigaciones señalaron como la entonces periodista de diarios pro nazi, Marta Hillers.

Revivir para sanar

La escenificación de las memorias de "Anónima" ha producido una enorme discusión en el país sobre el papel de víctima de la población civil de la Alemania nazi. "Aún hasta hoy las víctimas padecen de afecciones post traumáticas y reviven esos momentos compulsivamente en forma de flashbacks" comenta a la BBC Philipp Kuwert, psiquiatra de la Universidad Greifswald que acaba de comenzar un estudio sobre las víctimas de violaciones durante la Segunda Guerra Mundial. "Al fin de sus vidas, muchas de ellas tienen el sentimiento de no poder cerrar su vida; el poder hablar sobre las violaciones tiene por si solo un efecto curativo" añade Kuwert. La crítica alemana de la película se balancea entre la aprobación por haber roto, por fin, el tabú de hablar de las víctimas alemanas y el fastidio de quienes considera ncomo apresurada la búsqueda del director Max Färberböck por equilibrar el horror provocado por los rusos como respuesta al otro horror, el efectuado por los nazis.
FA 4801

Alain Corneau - Crime d'amour (2010)


Isabelle es una prometedora y emprendedora joven cuya jefa, Christine le admira sin reservas. Esto, que a priori debería facilitar el progeso de su carrera, pues Christine la desea y al no poder tenerla, se propondrá dominarla por métodos más expeditivos y contundentes, creando entre ellas un juego perverso de dominación y seducción... un juego peligroso que les conducirá a un punto sin retorno.
FA 4800

Andrzej Zulawski - Na srebrnym globie (On the Silver Globe) (1987)


En el Globo Plateado
Na Srebrnym Globie utiliza la ficción para acercarse más a la filosofía que a lo estrictamente científico y/o tecnológico. A fuerza de pura cinematografía, en escenarios naturales y sin mayores efectos especiales que algunos pocos filtrados, Zulawsky reflexiona aquí sobre lo humano a través de una prosa poética que da forma a un relato que abreva tanto en las preguntas como en el simbolismo de distintas tradiciones místicas y/o religiosas. (FILMAFFINITY)
FA 4792

Yoshishige Yoshida - Honô to onna (Flame and Women) (Impasse) (1967)


Honô to onna (llamada en Occidente Impasse, olvidándose de la traducción literal, la mucho más poética Flame and Women, error redimido con el posterior título francés La Femme et la Flamme) fue realizada el mismo año que The Affair, la película más conocida de Yoshida. En esta ocasión, el director habla de la incapacidad de una mujer para encontrar satisfacción en su tradicionar estructura familiar. 


La protagonista, Ritsuko, esta casada con Shingo, un diseñador de motores. Shingo es incapaz de ayudar a Ritsuko a concebir un hijo, por lo que esta decide practicarse una inseminación artificial. El nacimiento de un hijo, Takashi, no mejora las relaciones matrimoniales. Cuando Sakaguchi, el doctor que le practicó la inseminación artificial, atraviesa por problemas con su mujer Shina, le dice a Ritsujo que él es el donante de esperma, lo que hace que esta se enamore apasionadamente de él. 


Finalmente, aparecen nuevas complicaciones: Shina rapta a Takashi y trata de seducir a Shingo. La incapacidad de Ritsujo para sentir atracción erótica hacia su marido es mostrada a través de la esterilidad, que es una metáfora de la mujer moderna, alienada mediante los roles de dulce y pacífica esposa y madre devota. (FILMAFFINITY)
FA 4791


Bertrand Bonello - L'Apollonide (Souvenirs de la maison close) (2011)


Según parece, Luis Buñuel, en aquel viaje a Cadaqués en el que le acompañaron los matrimonios Magritte y Eluard, intentó desde el primer momento persuadir a Salvador Dalí de no sucumbir bajo los encantos de Gala, a la que ambos veían por primera vez. No le parecía trigo limpio. «Nunca te fíes de una mujer cuyas piernas no se unen en las caderas» (como dice un gran amigo que es también gran pintor, y como tal capaz de las descripciones más perifrásticas y de las más directas, con las piernas «como un click de playmobil»). Siempre he querido creer que las hoy denostadas teorías antropométricas o fisonomistas, según las cuales nuestros rasgos determinan nuestras aptitudes y actitudes, no nacieron tras rigurosas observaciones del rostro de los criminales a cargo de la policía, sino del escrutinio obsesivo realizado por hombres y mujeres sobre el ser anhelado, intentando imaginar cómo sería el alma que animaba desde dentro ese cuerpo deseado. Eran tiempos marcados por la espera; al fin y al cabo, quizá no sea casualidad que, según esas esperas se iban acortando con el paso de las generaciones, tales teorías pasaran definitivamente de moda.
L’Apollonide es una casa de citas en la cual transcurre la última película de Bertrand Bonello, concretamente en el periodo que marca el cambio del siglo XIX al XX. Allí, esa espera no existe, esa forma de mirar es otra. Se hace comercio, se escoge y se desatan los vicios. En las noches de L’Apollonide el tiempo se condensa como el aire en un fumadero de opio.
Serge Bozon (que además de cineasta es profesor de lógica en la universidad), encuentra en Tiresia al mayor representante de una línea del cine francés de los últimos años, que él define como la «cronenbergolynchiana». Es la vía de las sustancias, la sangre, las vísceras, las tripas, lo inconsciente, lo reprimido, los cuerpos bizarros y la carne en transformación. Desde el principio, esta nueva película de Bonello es eso, pero es mucho más. La desnudez de las actrices se revela desde la primera imagen. Ni hablar de que, como sucede a menudo, ese deseo del relato por quitar la ropa a sus personajes femeninos quede temporalmente reprimido, pero nunca insatisfecho (fenómeno en el cual Léa Seydoux, inevitablemente involucrada, está cambiando por sí misma algo en lo que supone ver el cuerpo de una mujer en el cine). Las prostitutas se visten, recargan sus cuerpos de detalles que vienen a recargar los ya de por sí detallados decorados, en una sobresaturación pictórica deslumbrante. Llegan los hombres y los encuentros en las habitaciones y, sí, llega la sangre, las vísceras, el dolor y los sueños repletos de flujos, pero con la diferencia de que, el flujo que más importa, es el del tiempo del relato.
Los gestos, los diálogos que presenciamos, vuelven. Regresamos a momentos precedentes de esos encuentros, los completamos y los revivimos en un presente abigarrado. Incluso la pantalla se divide, hasta tal punto pasan cosas dignas de verse en ese lugar. La intensidad nos desborda. Incluso la sangre, la de la violenta agresión de un cliente, sirve para recargar aún más los encuentros posteriores. Como esa lección vital que los buenos amaestradores enseñan a sus perros antes que ninguna otra cosa: no hay que fiarse de la mano del hombre.
Tras esa explosión, cambiamos de siglo, y por fin, vemos la luz del día, aunque siempre atrapados en esa casa clausurada. Llega, por fin, la linealidad, los inicios: el de una prostituta de 15 años que quiere ingresar en el equipo, y el de un hombre novato que llega con intención de hacer comercio. Llegan, pues, las primeras miradas: la niña había incluso enviado una carta describiéndose acompañada de un retrato. El hombre las observa para escoger: labios, piel, pechos… hermoso lenguaje del que en realidad sólo él sabe lo que espera oír.
El día, pues, no es más ese momento de indefinible espera que precede a ese momento misteriosamente privilegiado: el de la llegada de los hombres, el del gong que arranca cada solemne capítulo de esa larga saga de intimidades atroces que es una noche de burdel. Todo empieza en un salón donde se habla, se ríe y se fuma, donde adivinamos el olor a champagne derramado y perfumes contaminados por el humo de los puros. Son dandys, hombres adinerados de peculiares rasgos que llegan con pocas cosas de fuera, pero raras: su dinero y sus vicios, incluso una pantera, cuya presencia extraña menos entre esas cuatro paredes que la de los hijos de la Madame (Noémie Lvovski). Observan, tocan y hablan a las mujeres de una forma que terminaría mutando por completo y que sólo creo haber visto en esta película. Vienen y se van. Vienen y se van; como la regla.
Bonello evita en esas relaciones todo tipo de carga melodramática o sentimental (nada parecido a eso subraya ni el maltrato, ni la posibilidad de enamorarse o de salir de allí). Todo nos llega gracias al tiempo de la película, a esa flotante y repulsiva condensación.L’Apollonide es una película donde nos ahogamos, nos falta el aire y la claridad, donde la luz ni siquiera llega a cubrir todas las paredes, casi como si Werner Schroeter estuviera rodando otra película en ese mismo decorado al mismo tiempo. De toda esa sobrecarga salimos exhaustos, destrozados bajo un sentimiento difícil de definir. En L’Apollonide se trata de algo que no se qué es: es mucho peor que el amor, pero no es tan triste. Es una vida muy puta, la de las putas.
Es único, pues, ese gusto por la escritura que manifiesta Bonello, y al mismo tiempo es el que le convierte en un gran cineasta: el relato trabaja el tiempo de forma salvaje, y sin embargo se alía con esa forma tan plástica, tan trabajada y tan carnal en la que aflora la sangre; las frases son corrientes, parecen ajenas a cualquier literatura, y sin embargo esconden rimas, ritmos y cadencias preciosísimas que materializan una pluma oculta gracias a la textura de la dicción del actor (como los monólogos de Jacques Nolot –en forma de carta– y Pierre Léon); los personajes no exhortan sus anhelos ni parecen tener algo que preceda al tiempo de la película, y sin embargo hasta el último de ellos ha sido perfectamente descrito con dos o tres detalles. Léa (Adèle Haenel), la más deseada, la más carnal y la más hermética, anestesiada de todo dolor en ese lugar donde la única palabra tabú es el amor, aquella que, para dejar claro a un cliente que no quiere que vuelva a verla, le envía un sobre con pelo del coño; Julie, la sonriente y despreocupada, pero poseída por todo aquello que niega y que siente; Clothilde (Céline Sallette), la de hermoso aire fantasmal, podrido, la de más edad, abstraída siempre tras esas bocanadas de opio que apaciguan sus celos, la única con un pasado (sus deudas) y la única que sabemos estará encerrada allí siempre pase lo que pase, a la que no hay enfermedad posible que la saque de allí aún los pies por delante (no es casualidad que sea ella la protagonista de la magnífica coda de la película); y, sobre todo, Madeleine (Alice Barnol), la judía, el rostro de un tiempo indescriptible, cinematográfico, el rostro destrozado por creer en sus sueños. Todo actor, incluso el más fugaz figurante, da la sensación de sentirse el más importante allí. Cada rostro existe, alimentado por el amor del director latiendo en cada plano.
El final de la película es un siniestro fin de partida, donde Madeleine nos recuerda que nunca hay ojos sin rostro, pero tampoco hay cuerpo sin sentimiento. Hemos estado en L’Apollonide, sumergidos por esos lentísimos travellings en ese ambiente de sentimientos indescriptibles. Cómo saldremos de él es otra cosa.
Las películas de Bertrand Bonello son siempre películas suicidas, poseen una atracción hacia la autodestrucción que las convierte en experiencias desiguales. Fascinantes y equívocas, reconocemos nuestras rarezas en sus imperfecciones. Aquí, por primera vez, todo encaja, incluso esa voluntad suicida. Parece una película dotada de un equilibrio capaz de albergarlo todo, como si ese tiempo condensado, ese espacio cerrado, fuera el lugar que inspirase a Bonello la elección del ingrediente perfecto para cada momento: la música, sea soul, ópera o electrónica, mucho menos presente en la película de lo que luego lo es en nuestro recuerdo, o incluso esa preciosa partida de campo en la parte central de la película, de cuerpos desnudos entre árboles, el sol, y el río. Como en aquel teatro del nô de Eugène Green, en L’Apollonide llegan a convivir los cuerpos y las voces de Léon, Nolot, Ivovski, el propio Bonello, Beauvois o incluso Pascale Ferran (voz de la autora de un estudio cuya conclusión es que las prostitutas tienen un cráneo más pequeño que el resto de las mujeres, signo de su imbecilidad). Es por todo ello que, tras ver L’Apollonide, sentimos la alegría por ver tal encuentro, pero sobre todo sentimos miedo. Al salir de la sala, necesitamos recuperar un cobijo, como si nosotros también hubiéramos perdido esa terrible y dolorosa protección de las maisons closes, y nos encontrásemos igual que sus antiguas inquilinas, vagando por este mundo, el actual, donde ya no se percibe la oscuridad. Pues no puede haberla allá donde ya no hay luz.


Novedades desde el frente: vivan los soldados italianos
Si este espacio sirvió para alabar lo que hacía Sebastian Buchmann con la fotografía de la película de Valérie Donzelli, Josée Deshaies compone para Bonello el trabajo visual más deslumbrante de lo visto hasta ahora en Cannes. ¿Cómo habríamos podido apreciar esos fondos turbios, cuando no invisibles, esos colores viciosos, sin ver esta película en proyección analógica, con cuerpo y materia? ¿Cómo encajar ese golpe final filmado en digital, reverso del que Buchmann y Donzelli –apellido italiano, ahora que lo pienso– realizan en su película, rodada con una cámara de fotos, al insertar un final ralentizado filmado en 35mm?
En El paraíso de los ebrios, de Minoru Shibuya, Chisiû Ryû, hablando con su jefe sobre la necesidad de que Japón avance económicamente, se compara con el otro monstruo derrotado en la II Guerra Mundial, Alemania, que, en menos de 20 años y destrozada institucionalmente, ha conseguido admirablemente volver a ser una potencia. Ryû cuenta que en Alemania parece ser que la gente se saluda diciendo “hagamos otra guerra, ¡pero esta vez sin los italianos!”.
En la batalla de Cannes, sólo he visto tres proyecciones en formato tradicional: Habemus Papam de Moretti, Corpo Celeste de Alice Rohrwacher (película italiana de la Quincena), y L’Apollonide, de Bonello, que era músico antes de ser cineasta, es originario de Niza e hijo de italianos. A veces cuesta ver tal entereza cuando se está en el frente, pero sin ella no se puede ganar la guerra. Así que: ¡Viva Italia!
***
Y nos quedamos acompañados por el recuerdo de los grandes que nos dejan y se van donde está la mayoría. Incluso allí Domènec Font sigue siendo único. Como dice Francisco Algarín, volviendo la mirada a los paisajes de la modernidad: Lecturas de juventud alternadas con Proust, Stendhal, Faulkner y Flaubert, con quienes vivían Godard, Rossellini, Straub. Todos en la misma casa. Pero había otra lección más importante, que llegó en los últimos años, y era la más vitalista de todas. Pocas veces reímos tanto y los días de la primavera fueron tan alegres.
FA 4790

Andrzej Zulawski - L’important c’est d’aimer (1975)



Lo importante es amar

«Este hombre era el diablo. Ejercía sobre mí una atracción irresistible y desde el dia en que volvió a poner sus manos en mis caderas, comprendí que toda resistencia sería vana». ¡Piedad! me desgañito para mis adentros mientras me veo obligada a traducir,pour bouffer, estas huecas sandeces. Las palabras e imágenes vacías y previsibles de la novela que estoy traduciendo provocan un brusco contraste con las de esta enorme película que Andrzej Zulawski rodó en 1975 con Romy Schneider, Fabio Testi, Klaus Kinski y Jacques Dutronc en los papeles principales.

Romy Schneider y Jacques Dutronc están impresionantes. Kinski está ajustadamente excesivo y Testi parece mal actor, una piedra en medio de la película, pero consigue imponerse con lo que el argumento le pide: presencia, obstinación. Todos los personajes tienen un calado que hoy nos deja boquiabiertos. También rabiosos, indignados, por comparación. Por hambre de eso.
Creo que en la época gustó por lo atrevido y lo excesivo del argumento, por este amor fou moderno, pero sobre todo porque el público la entendió visceralmente. Se plantea y avanza a base de opuestos: ficción y realidad, verdad y mentira, pornografía y arte, travestismo e interpretación, sordidez y contención, desviacionismos y heterosexualidad. Dolor y amor, y dolor y dolor y riesgo, valor y cobardía.
Zulawsky, polaco; Testi, italiano, doblado al francés por ¡el catalán Josep Maria Flotats!; Romy, austríaca; Dutronc, francés; Kinski, alemán. De le Rue, autor de la música, francés. Etcétera. Es el París pleamar, el París cosmopolita. El París sórdido, el de la poesía, el riesgo y el vértigo. El París de la zozobra, de las deudas íntimas nunca reembolsables, el de la belleza fraudulenta, el del colaboracionismo, y el del posexistencialismo y las ambigüedades de la descolonización. Me da por pensar en varias cosas: Zulawski, mucho más auténtico y arriesgado que el cada vez más narcisista (o solitario) Pedro Almodóvar, que bebe de aquí, pero no viene de aquí. Mejor integrado el tema contenido-continente; forma/mensaje. Zulawski contra Tel-Quel y el estructuralismo, el barthesianismo y la sémiologie y la deconstrucción entendida como autopsia. Por eso, un Brecht desgarrado, un Brecht anticomunista.
La hondura de lo que cuenta, el rescate personal por la fuerza del amor, qué arriesgo por sentirme vivo y libre, por no sentir, como dice Nadine-Romy, “que la vie est ailleurs“, podemos oponerlo a los escándalos de bolsillo que nos brindan desde Lucía Etxebarria a Tryno Maldonado. Vamos a más. La densidad y calado de los diálogos y de los silencios son los propios de guionistas literatos (la película adapta una novela que se titulaba originalmente La Nuit americaine; naturalmente, hubo que cambiarlo pero esto teje inesperadas, interesantes redes, ecos, filias). De hecho, los diálogos están reescritos por alguien específicamente dedicado a ello.
La habilidad para ser escandaloso y poético, desgarrado y sobrio es lo que engancha deL’important c’est d’aimer. Fabio Testi irrumpe en la vida cuesta abajo de Nadine-Schneider y se impone en ella hasta dibujar todas las sombras de ese fracaso, de forma que ella se ve obligada a cuestionarlo todo. Él se siente atraído por una mujer que ya no tiene imagen, y eso es lo que él capta y captura primero y desde el principio su amor se manifiesta en devolverle una imagen que ella pueda soportar de sí. Pero ella se niega a participar en lo obvio, el flechazo, de forma que el amor se cumple como fatalidad, como exploración. Dentro de este juego de duplicaciones que se contradicen y se afianzan, está la imagen del amor, del enamorado como fantasma, como sombra. Ella misma se lo dice a Testi, mientras su marido, cada vez más fantasmal, en un camerino contiguo se traviste de payaso y representa su papel de arlequín tragicómico, de colaborador imprescindible en el desenlace.
Testi es un fotógrafo de guerra –ha estado en Vietnam y en Argel, desliza–, hombre de acción free-lance para varias agencias, que debe pagar una deuda de familia–se entiende que de su padre– a un tal Mazelli, extorsionista que brinda favores a “depravados” con pasta. Antiguo colaboracionista, probablemente judío, Mazelli ha criado a Testi/Servais Mont, y se niega a romper el vínculo que lo ata a él. De modo que Testi es testigo –fotógrafo de las orgías que Mazelli organiza y con las que después tendrá pillados a sus clientes– y motor de una liberación. Sin embargo, esa deuda económica no puede saldarse nunca porque el acreedor no lo permite (la deuda lo limpia haciéndose necesario para otros) y porque el deudor también se ha acostumbrado a recurrir a ese dinero, a pedir a ese padre falso y a esa familia grotesca que es la corte de Mazelli.
Mientras que Dutronc, el Zorro que ha salvado a la actriz de una vida de “fornication, drogues, et tout le reste“, es un coleccionista de imágenes de cine clásico. Un contemplativo. Un payaso amable y trágico, que llora a solas y ríe en público (excelente tópico) , que no duda en llevar a su mujer a protagonizar pornos. Cuando Testi le ofrece en secreto a Nadine la posibilidad de actuar –para salir de las películas de mierda que interpreta para “comer”–, ella recala en un montaje estrambótico del Ricardo III de Shakespeare, que lleva a Dutronc a decir :”Así que todo este juego de gritos y lágrimas y rodar por el suelo es lo que vosotros llamáis vida”. Y, claro: Ça me fait déjà chier.
Excursus. Por cierto, que para quien tenga memoria, ese escenario de cuerdas y armaduras lo copió limpiamente Albert Boadella en el montaje de Yo tengo un tío en América, en 1992, donde actuaban dos de mis mejores amigos de la época y protagonizaba Eduard Fernández, hoy actor de cine y maravilloso loco en este montaje de Joglars.
Hay dos suicidios en la película –no pueden faltar tratándose de París, me temo, ni tratándose de un cineasta de la Europa fría– y dos palizas. Uno prologa al otro. Testi (y la fama ¡que la realidad apoya! del fotógrafo promiscuo) le ha robado la mujer a un literato desastrado, otro payaso amable (como si los cuernos pusieran a los hombres en esa condición de gentili castrati) que se envenena alcoholizándose y se regala la puntilla final con comida para gatos (jaja), pero antes le pone en contacto con Massala, el director de teatro, travestido, que larga un discurso muy de la época sobre el duro trabajo de rescatar la verdad como una joya enterrada en mierda.
Me gustan muchas cosas de esta película: la valentía de Romy Schneider para lanzarse a esta piscina, mucho menos caliente que la que rodó con Alain Delon. Me gusta Kinski jugando a ser un actor pésimo, uno de esos actores pésimos que se soportan solo en la ficción (por mucho que él diga lo contrario). Me gusta lo certero que es A.Z. cuando se detiene en los primerísimos planos de Fabio Testi para mostrar (para ella, para el espectador) que él “está ahí”, que el amor es “estar ahí”. Cómo sólo necesita un gesto –la mano que rodea la cabeza de ella, medio desmayada por la inyección que le acaban de dar tras el suicidio de Dutronc; el cuerpo en escorzo esperándola después de recibir las bofetadas de ella, incapaz de darle la razón al oírle gritar: “Qué gilipollas. ¡Debería haberse suicidado antes de conocerte!”– para poner los vínculos de manifiesto y afirmar el juego de resistencias y aproximaciones de su relación. Y me gusta que, aunque o porque todo gira en torno al sexo, a la pornografía, ellos no hacen el amor en la película pero todo juega y gira en torno a la idea de merecerlo.
FA 4789



Barbet Schroeder - Barfly (1987)

El borracho
Henry Chinaski es un escritor alcohólico y genial que se pasa la vida en los bares. Su preferido es el "Golden Horn", frecuentado por un variopinto grupo de vagabundos, prostitutas y otros desechos de la sociedad. Henry se lleva muy bien con Jim, el barman de día, pero discute frecuentemente con Eddie, el barman de noche, un hombre iracundo y fanfarrón. Sus peleas son objeto de apuestas por parte de los clientes. Cuando Henry gana, gasta su dinero recorriendo los demás bares del barrio. Así es cómo conoce a Wanda, una mujer todavía bella y tan alcohólica como él. (FILMAFFINITY)
FA 4788

lunes, 25 de junio de 2012

Avi Nesher - The Secret (2007)



LOS SECRETOS



Emotiva mirada de un mundo dificilmente visto en un film que rompe los esquemas y manipula dogmas.



Los secretos de la religión; el amor carnal y el espiritual; la obediencia y sobre todo el feminismo tratan de revelarse en Los
Secretos, una bella e intrigante cinta del multigalardonado director y guionista israelí Avi Nesher.
Naomi (Ania Bukstein) es la hija de un rabino, una joven inteligente, bella y educada para servir bajo las más estrictas
reglas del judaísmo ortodoxo. Tras la muerte de su madre y mucha insistencia de su parte, recibe el consentimiento del
padre para aplazar su boda e ir a un seminario a continuar sus estudios religiosos y pasar su luto.
En Safed, la ciudad sagrada en donde nació la Kabalah, la joven se preparará durante un año para lidiar con el sacrificio
del matrimonio y la total sumisión que dicta su credo.
Sin embargo, la primera noche en el seminario, Naomi conoce a Michelle (Michal Shtamler), una joven llegada de Francia
para reforzar sus creencias religiosas y “de tener suerte” conseguir marido.
La amistad entre las jovencitas es poco probable, Naomi está completamente sumergida en sus estudios y Michelle es
una joven rebelde que tiene nulo interés por su religión. Sin embargo, cuando les asignan la tarea de visitar a Anouk (Fanny
Ardant), una misteriosa mujer francesa, acusada de asesinato y al borde de la muerte, su vida cambiará para siempre.
Anouk desea encontrar a Dios antes de morir y Michelle considera que Naomi es la mejor herramienta para la tarea. Con
total convicción, las tres mujeres romperán todas las reglas de su fe, para darle a Anouk la oportunidad de recibir el perdón
divino.
Con actuaciones magistrales y personajes tan profundos y complejos como en la vida misma, Los Secrtos resulta ser una
película mucho más complicada de lo que parece. La poderosa actuación de Fanny Ardant y la compleja representación de
Ania y Michal en sus respectivos personajes, hacen de esta cinta una pieza para recordar.
The Secrets, no sólo sumerge al espectador en el mundo del judaísmo ortodoxo, sino que incita desde dentro, rompe
esquemas y manipula dogmas; además de agregar la confusión entre la amistad, la religión y el amor de la carne.
Son muchas las lecturas que pueden dársele a una cinta tan poderosa como The Secrets, dependerá del espectador y del
compromiso que la trama genere en él..
Esta cinta requiere la participación del espectador, hay que utilizar corazón, tolerancia y curiosidad para comprender la
historia de un grupo de seres humanos, que como muchos, se sienten capturados por sus circunstancias.
Una bella muestra del cine israelí, una cinta valiosa que brinda una experiencia única para todos aquellos dispuestos a
tomarla
Si desea embarcarse en un viaje al complejo mundo del judaísmo ortodoxo y las nuevas generaciones de feministas que
hay en él, no se pierda este impresionante retrato de la complejidad de la raza humana.
FA 4787

Andrei Zvyagintsev - Elena (2011)



Como persona conocedora y sumamente interesada en la Rusia actual, llevo mucho tiempo esperando la película perfecta que enseñe cómo es esta apasionante parte del mundo. De entrada, a la mayoría de filmes rusos es bastante difícil acceder, y tienen una distribución limitadísima. Pero por otro lado, demasiados cineastas, incluso los premiados en festivales, tienen una reiterativa tendencia (no siempre en cuanto a formas, pero definitivamente sí en cuanto a fondo) al melodrama barato, afectado y sensiblero. Directores de moda como Aleksei Popogrebsky (ganador del Oso de Plata en Berlín con “Cómo he pasado este verano” [Kak ya provyol etim letom]) o Aleksei Balabanov hacen películas teatreras, exageradas y tremendistas, y con un punto de efectismo gracias al que consiguen venderse bien. Andrei Zvyagintsev, pese a sus esfuerzos y a estar un poco por encima, tampoco consigue escapar del pantano cinematográfico ruso. “El retorno” [Vozvraschenie](2003), su aclamado debut y ganador de varios premios (como el León de Oro en Venecia, el Nika y el Águila de Oro – los principales premios rusos – a mejor película), sedujo a un gran sector de público y crítica y seguramente lo convirtió en el director ruso más comercial desde Nikita Mijalkov. Reapareció tres años después con “El destierro” [Izgnanie], que pasó más desapercibida, y ahora en Polonia y tres o cuatro países más se estrena su tercera obra.

Elena es una mujer madura casada con Vladímir, un hombre muy rico e insensible, con el que vive en una casa espectacular. A ella no le falta nada, pero su hijo de una relación previa, Sergei, está en una precaria situación económica, con esposa, un hijo adolescente y un bebé. Regularmente Elena va a visitarlos a su piso, en uno de los miles de bloques que se extienden por las quilométricas afueras de Moscú, y les da dinero desafiando la ira de su marido, que los desprecia. Vladímir tiene también una hija, Katia, con la que no se habla, pero cuando comienza a padecer seriamente de la salud, planea hacer testamento y dejárselo prácticamente todo a ella.

En “Elena”, como en las anteriores películas de Zvyagintsev y como tanto les gusta a los rusos, hay fundamentalmente relaciones familiares tormentosas. Padres que no se hablan con sus hijas, mujeres casadas en segundas nupcias con hombre millonarios y familias pobres con maridos vagos e inútiles, esposas sufridoras e hijos adolescentes que se meten en peleas callejeras. Aquí la película hace aguas y en buena parte vuelve a ser, una vez más, artificial y culebronesca. En particular, la escena entre Vladímir y Katia, digna de la telenovela más mediocre, con unas actuaciones muy pobres (especialmente la de ella) y unos diálogos planos. Nadezhda Markina como Elena, en un papel de protagonista claramente concebido para ser el centro del filme, está notablemente mejor, pero todas sus escenas con Vladímir y en general todas las que tienen lugar en la casa y en los ambientes acomodados del matrimonio tienen un aire bastante impostado. En este sentido no ayuda la fotografía, esta fotografía tan típica que tanto se usa ahora, limpia, brillante, fría, en tonos azulados, pero muerta, aburrida, demasiado perfecta.

Pero si “Elena” es la mejor película de Zvyagintsev es por el contenido social, más bien referencias, que incorpora sin aspavientos y en la medida justa. Las mejores secuencias de la película, justo en las que suenan los compases de la poderosa banda sonora (a cargo de Philip Glass), son aquellas en las que Elena se adentra en los suburbios moscovitas, primero en tranvía, luego en tren, luego a pie por los descampados (contrapuestas a la secuencia de Vladímir yendo al gimnasio en su Audi). Es una verdadera lástima que no se detenga más en mostrar este ambiente tan real y tan actual, tan naturalmente ruso; y que en cambio se recree en tantos planos fijos del vacuo chalé de Vladímir. También los personajes de Sergei y su familia son los más auténticos, a años luz de Katia, y exponen situaciones, preocupaciones y problemas verdaderos. El otro aspecto positivo de la película es que logra ir un poco más allá del dramatismo puramente sentimentalista y consigue otorgar algo más de profundidad y sobriedad a algunos personajes. Particularmente, Elena y su nuera, que encarnan con gran acierto a mujeres silenciosas, sufridoras, despreciadas, pero para quienes sus hijos lo significan todo.

“Elena” es el más reflexivo y maduro de los filmes de Zvyagintsev, a cuyos seguidores seguro que gustará, pero sigue siendo una de esas películas de plástico, hechas demasiado cerebralmente y menos con el estómago y las vísceras, algo de lo que necesita profundamente el cine rusо.

FA 4786

Radu Mihaileanu - La source des femmes (2011)


LA FUENTE DE LAS MUJERES
El realizador Radu Mihaileanu vuelve a vestir con gran aspecto y una sencilla emotividad una historia que tiene mucho más trasfondo, no queriendo progresar mucho más del marco que plantea pero esta falta de profundidad no resta mérito a un amable planteamiento que implica mucho más.
Sinopsis: En un pequeño pueblo árabe sin identificar, Leila es una de las mujeres de la localidad que, como todas, tiene que ir a buscar agua a la fuente a pesar de que representa un peligro para ellas. tras un último accidente, lidera una huelga de sexo con la reivindicación de que no mantendrán relaciones con sus maridos hasta que no sea ellos los que van a buscar el agua.
La reivindicación del papel de la mujer dentro de la sociedad es una de las luchas universales por muy particular que sea la cultura propia. Desde el país más avanzado en el mundo en cuanto a igualdad que no ha culminado socialmente la equitatividad, pasando por todos los continentes, culturas y religiones, la mujer no es vista como un igual todavía. En este caso, el director de origen rumano afincado en Francia Radu Mihaileanu se centra en un pequeño pueblo del norte de África sin identificar que vive según sus tradiciones milenarias marcadas por una interpretación del Islam para construir un amable aunque mínimo filme reivindicatorio.
En esta localidad desértica, las obligaciones de las mujeres incluyen todas las tareas domésticas, entre las cuales está ir a buscar agua a la fuente montaña arriba. El camino es pedregoso, los tropiezos son fáciles y las mujeres embarazadas que van a buscarla sufren caídas que provocan abortos. Para luchar contra esta injusticia deciden declararse en huelga de sexo hasta que los hombres sean los que vayan a buscar el agua. El por qué no se declaran en huelga para coger los cubos y buscar el agua es una pregunta que tiene obvia lógica y quitaría todo propósito al filme, ya que en el fondo la película quiere asociar la imagen lírica de que el sexo es equivalente al amor.
Todo lo que viene a continuación, las reacciones de los hombres, los problemas de rechazo que se enfrentan las mujeres y el desenlace es relativamente previsible y trascurre sin sorpresas. A "la fuente de las mujeres" se la podría acusar de facilidad en muchos aspectos, en trasmitir una imagen ligeramente idealizada, de despreciar en demasía le peso de la realidad y la carga dramática que debería tener el filme y de explorar lo que supone un cambio de tradiciones profundo de forma superficial. Todo ello es cierto pero es más que dudoso que esta película quiera ser revolucionaria.
Radu Mihaileanu, como ha hecho en la mayoría de sus filmes, tiene un trasfondo muy cargado histórica y políticamente, pero aquí es más una excusa, un escenario al que lo viste con gran belleza y algo de folklore para entregar una película que transcurre con buen tono, amabilidad y simpatía. Ello no quiere decir que no tenga su inteligencia ni un buen mensaje de espeto, comprensión y oposición pacífica e instruida pero el filme nunca pretende o no tiene el coraje para intentar llegar al hueso.
Aunque también hay que ponerlo en contexto, hablar de la reinterpretación del Corán aunque sea de pasada puede ser una discusión intelectual que no rompe ningún tabú en occidente pero que según han demostrado los últimos años, no es una discusión tan fácil de abrir en algunas partes del mundo, especialmente en pequeños pueblos remotos del desierto. "La fuente de las mujeres" tendrá aspecto de bello entretenimiento sin mucha profundidad pero también tiene el mérito de entregar una sentida historia sin recurrir a dramatismos que trata con respeto una progresión cultural que es con aires de superioridad es fácilmente criticable desde fuera.
FA 4784

Dagur Kári - The good heart (2009)


Mantener la entereza y blandir tu propia personalidad con el correr de los años, sintiéndote tú mismo un fracasado y viviendo en una soledad absoluta es una tarea dura de roer. En The Good Heart se plantean situaciones que pertenecen a un catálogo de soledades muy amplio, cada uno de su padre y de su madre pero manteniendo siempre esa automarginación del mundo, aunque la perspectiva sea diferente.

Dagur Kári entrega en su quinto largometraje una obra que mezcla el drama trágico y la comedia juguetona. The Good Heart relata la historia de Lucas y Jacques, dos personas ajenas y alejadas la una de la otra a simple vista, pero unidas por la soledad y la necesidad de confianza de dos seres que se acaban buscando el uno al otro.Lucas (Paul Dano, aquel hijo que había hecho un pacto de silencio en Pequeña Miss Sunshine hace unos años) es un joven de veintipocos años que vive en la calle, debajo de un puente en Brooklyn arropado por una caja de cartón. Su vida es un fracaso en sí misma, él se considera un animal e incluso hasta cortarse las venas es una mala apuesta para alguien al que ninguna cosa le sale bien. En el hospital conoce a Jacques (Brian Cox), un viejo irritable, malhumorado y de mala vida, el álter ego de un Henry Chinaski menos literario y más real, descuidado y que ya va por el quinto infarto. De un lado, la juventud, la bondad, el buen corazón (en el sentido físico y metafórico) y la ausencia completa de maldad. Pero solo y marginado, claro. Del otro, la pesadumbre de una vida de soledades y la coraza de un tipo agrio, tosco, gruñón, atado a la queja y al insulto, de oscuro corazón (en el sentido físico y metafórico, también) y totalmente cerrado a la amistad y a conocer gente. También solo y marginado, claro. Ambos se cruzan, se conocen y hasta llegan a entenderse. Jacques es dueño de un bar donde no entran ni nuevos clientes ni mujeres (esa es la filosofía de su propietario), pero sabe que le queda poco de vida. Por eso hace de Lucas su sucesor casi obligado. Este, en su actitud pasiva, se deja llevar y se encuentra con unas lecciones de vida no muy recomendables: no ser amigo de los clientes, ser amable en su justa medida y aprender a ser agresivo y aguerrido en sus formas detrás de la barra. Las cosas cambian cuando aparece April (Isild Le Besco), una joven frágil y (también) sola que huye de ella misma y pretende alojarse bajo el ala del joven Lucasponiendo en peligro la relación del chico con el viejo. El director resume en esta quinta película una trayectoria en donde ha sabido mezclar realidad y ficción y, sobre todo, drama y comedia. Con The Good Heart parece culminar un proceso en el que Kári saca a relucir la introspección del cine islandés desde una perspectiva de soledad americana, sirviéndose de dos ases de la interpretación (Cox y Dano están brillantes) y mostrándonos el proceso tanto de putrefacción como de revelación y purificación en cada una de las vidas de los protagonistas, siempre desde una perspectiva cómica muy bien guionizada (algunos monólogos de Brian Cox son pura magia), pero con un trasfondo trágico y que sorprende hasta en el final, haciendo una diálisis de una vida en constante cambio y creando una dicotomía tanto sobre el corazón físico como sobre el imaginario.


FA 4783

Apichatpong Weerasethakul - Ucle Boonmee (2010)

EL HOMBRE QUE PODIA RECORDAR SUS VIDAS PASADAS


UN FILM SORPRENDENTE, EXTRAÑO DIFERENTE, QUE DESAFIA, EL INTELECTO DEL ESPECTADOR.

Contemplando el cine de Apichatpong Weerasethakul, el espectador puede sentirse tan inclinado a pensar en las estrategias narrativas de la posmodernidad como a evocar la libertad primigenia de las mitologías fundacionales y la comprensión cosmológica del budismo. En este film el tailandés se afirma como una feliz paradoja: un cineasta que parece estar dando forma a un arte futuro, mientras canaliza una sabiduría antigua. El resultado es una de las obras más completas y libres de una filmografía que no ha dejado de desafiar al espectador: tan libre que pone en evidencia la sumisión (al mercado, a la propia identidad autoral) que condiciona la obra de la mayor parte de sus contemporáneos.
La cena (y sus apariciones) y la conversación entre el protagonista y el espectro de su esposa en el umbral de la muerte brillan en un conjunto que se desvía hacia la leyenda, o, por lo menos, lo parece– y no esquiva alusiones a presentes turbulencias sociales y políticas y a dolorosos cargamentos de culpa histórica.
Jordi Costa – Fotogramas – España
Bella, sorprendente y fascinante historia de fantasmas, espíritus que buscan la reconciliación, reencarnaciones, extrañas criaturas y mitologías milenarias que aborda con lirismo y sensibilidad el tema de la muerte con elementos propios del budismo. Rodada en hermosos escenarios naturales del norte de la hoy convulsionada Tailandia, combinando lo real y lo fantástico, la tradición y la modernidad, resulta la película más "accesible" y "narrativa" de la singular carrera del creador de Tropical Malady.

Diego Battle – Otros Cines

FA 4782