domingo, 27 de marzo de 2011

Souleymane Cissé - Baara (1978)

El trabajo
Ganadora de dos premios en el Festival Internacional de cine de Locarno, Souleymane Cissé nos entrega su película más abiertamente subversiva, en la cual nos narra la historia de un ingeniero que contrataa un amigo como operario en una fábrica donde las precarias condiciones de trabajo y la miserable remuneración que los trabajadores perciben, provocan el estallido de una huelga con la cual los obreros buscan oponerse a la explotación y opresión.
FA 3956

Pablo Fendrik - El asaltante (2007)

Toda la acción de El asaltante tiene lugar en una sola mañana. Un hombre está a punto de ejecutar un plan que ha estado preparando durante mucho tiempo. La cámara lo sigue a lo largo de toda la acción. El público se convierte en un testigo privilegiado de los momentos más íntimos de ansiedad y desesperación que anticipan una decisión de vida o muerte.
FA 3955

Stan Brakhage - Dog Star Man (1961-1964)

Una de las pelìculas màs emblemàticas realizada por Brakhage es también la más conocida: Dog Star Man (1961-1964). Se trata de cuatro cortos y un prólogo que pueden proyectarse individualmente o como integrantes de un largometraje de alrededor de 75 minutos de duración, sin sonido. En el prólogo y la segunda parte se superponen 2 planos de imágenes, 3 planos en tercera parte y 4 en la cuarta. En una versión más extensa, The Art of Vision, de 4 horas de duración, fueron incluidas las 5 secciones de Dog Star Man, más todas las combinaciones posibles de las sobreimposiciones en cada parte. En la película es posible ver a Brakhage haciendo de leñador e intentando ascender por una montaña en compañía de su perro. Ello se debió a una sugerencia: ¿qué podía hacer, si estaba desempleado? “Cortar leña”, le dijeron. Este ascenso es puesto en un contexto cósmico que comprende desde el sol y las estrellas hasta imágenes de células. De allí que el nombre Dog Star Man sea descriptivamente exacto. La tercera parte es de un marcado contenido sexual, incluidas numerosas tomas de genitales, a los que hay que adivinar, como si de descifrar un sueño se tratara, debido a la complejidad de las sobreimposiciones.
FA 3954

sábado, 19 de marzo de 2011

Sharunas Bartas - A Casa (1997)

La casa
Inútil escribir una sinopsis de esta película, ya que no solo carece totalmente de diálogos - apenas un monólogo/recitación al principio y al final - sino que también carece de argumento. El film es una sucesión de imágenes en una vieja casona (tal vez en Lituania) en donde el sonido tiene una relevancia especial. Para los cinéfilos curiosos.
"El cine de Sharunas Bartas nos desconcertó por lo arriesgado de su propuesta y por la radicalidad con que afronta estos riesgos. Los que más, sin duda, la erradicación de los diálogos y la reducción casi total de la acción argumental en la mayoría de sus películas. Además, lo que más nos sorprende de esta postura es la fluidez “narrativa” que mantienen estos trabajos sin necesitar de un esquema argumental definido. Sus films no llevan al espectador a una narración (lineal) donde la acción de los personajes determine la relación espectador-film. Todo lo contrario. La mayoría de las películas de Bartas parecen jugar con la recepción impresionista de las imágenes. Su cine parece estar concebido totalmente pensando en la percepción emocional e inmediata de las imágenes antes que en su reflexión intelectual. Su cine, ante todo, es un “cine perceptivo” que no supedita sus imágenes a una mera intención esteticista. " - Enrique Aguilar, contrapicado.net.
FA 3951
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Sam Peckinpah - The Deadly Companions (1961)

Un sargento de la Unión (Brian Keith) convence a un prófugo para organizar un asalto a un banco. Durante el atraco aparece otro grupo de ladrones con los que se enfrentan. En medio de un terrible tiroteo resulta muerte un chico de nueve años. Afectados por esta muerte, los dos bandidos deciden acompañar a la madre del chico, Kit Tilden (Maureen O'Hara), que quiere enterrar a su hijo junto a su padre en Siringo, una lejana ciudad ahora localizada en territorio apache... "Compañeros mortales" es el primer film de Sam.
Decía André Bazin que el western, el más antiguo y característico de los géneros, había nacido del encuentro de una mitología con un medio de expresión. Cabría añadir que el western es la épica, narrada en imágenes, de una civilización. Los orígenes de una nación, la conquista de unos territorios, la evolución de unas formas de vida, el avance de la colonización, el genocidio indio, la aparición del progreso, etc., son páginas de una Historia que el cine ha recogido, elaborado, transmitido y a veces tergiversado, a través de metros y metros de celuloide Desde el western primigenio de Edwin S. Porter y Thomas H. Ince, hasta el western crepuscular y agónico de Sam Peckinpah, el género ha transitado los caminos más polvorientos y variopintos de una Historia a veces heroica, a veces vergonzante.El nacimiento del género se produce cuando la conquista de Far-west vive sus últimos momentos, y cuando la mayoría de las tierras están ya colonizadas pero cuando aun viven algunos de los protagonistas más destacados, y cuando todavía quedan territorios no incorporados a la Unión. La primera vez que el cine aborda una historia del Oeste es en 1903 ( “The great train robbery” de Edwin S. Porter), es decir el mismo año en que muere Calamity Jane, cinco años antes de la muerte de Pat Garret, cuando aun faltaban nueve para que Nuevo México y Arizona pasaran a ser Estados de la Unión, y cuando aún habrían de transcurrir veintiséis más para que muriera Wyatt Earp, a quien todavía le dió tiempo para conocer a John Ford y para asesorar, junto a Bat Masterson, a William S. Hart en alguno de sus westerns. El género da pues sus primeros pasos en contacto directo con los últimos vestigios de una época, que es precisamente el marco en el que se desarrolla, y bebe directamente de sus fuentes primitivas; Literarias (F. Cooper, Zane Grey, Guthrie, Barnett, Yordan, etc... hasta Borden Chase), pictóricas (Catlin, Remington, Charles M. Russell), dibujadas (Alfred Wand, Lovie, E. Forbes) o fotográficas (Mattew Brady, Alexander Gardner, Willian Jackson, Charles Savage). Hay que pensar que, aún en 1910, William Frederick Cody (Buffalo Bill): supervisa una película sobre su vida tras muchos años de pasear su espectáculo circense sobre los indios, y que los últimos bandidos del Oeste aún son perseguidos por la justicia muchos años después de los primeros westerns.En las imágenes del western hemos visto la declaración de independencia de los l3 Estados; (1776), el descubrimiento del oro: (l848), la instalación de la Wells Fargo en San Francisco (1852), la inauguración del Pony Express (1860), el primer ferrocarril transcontinental (1869), la derrota de Custer en Iittle Big Horn (1876), la masacre de los Sioux en Wounded Knee (1890), y casi todos los acontecimientos históricos que han forjado en uno u otro sentido la Historia de los, Estados Unidos.El propio western ha evolucionado: desde las primitivas formulaciones de los pioneros, pasando por los grandes relatos épicos de los años 30 y 40, abordando la introspección psicológica de los años 50 y llegando hasta la reflexión sobre sí mismo que se abre en la década de los 60. La nómina de directores que han abordado el género incluye a figuras artesanales como Michael Curtiz, John Sturges, Henry Hathaway; experimentales como Aldrich, Fleischer, Penn; psicologistas, como Wyler, Zinnemann, Daves; rarezas.y malditos como Lang, Tourneur, Ray, Fuller, Peckinpah; clásicos como Dwan, Vidor, Wellman, Cecil B. de Mllle, y grandes consagrados como Anthony Mann, Raoul Waish, John Ford y Howard Hawks, por no citar más que los nombres conocidos por todos. Hasta finales de los 50 vienen produciéndose intentos renovadores dispersos y apariciones esporádicas de algunos films casi abstractos, irreales y fantasmagóricos: "Forty guns" (1957) de Fuller, "Johnny Guitar" (1953) de Ray, "Rancho Notorious" (1952) de Lang, "Great day in the morning" (1956) de Tourneur y poco más; pero no será hasta el comienzo de la década siguiente cuando el género sufra una profunda convulsión, cuestione sus propios cimientos, revise su pasado y se convierta, por fin en Historia consciente.Coincidiendo con el silencio de Boetticher, cuyos siete westerns realizados entre 1956 y 1960, interpretados por Randolph Scott y con guión de Burt Kennedy ("Seven men from now", "The tall T", "Decision at sundow", "Buchanan rides alone", "Ride lonesome", "Westbound" y "Comanche station" ) son el antecedente inmediato y directo de "Duelo en alta sierra" (1961), el abandono y la muerte de Anthony Mann, las últimas aportaciones de Walsh y el alejamiento voluntario de Ray, empiezan a surgir en el western una serie de elementos nuevos que transforman de raiz su visión tradicionalmente conformista y justificatoria del orden moral. Al contacto con los importantes acontecimientos de una década ya histórica en el presente siglo, particularmente conflictivos para los USA: La radicalización de los conflictos raciales, el movimiento hippy, los disturbios de Little Rock, el afianzamiento de Cuba, la guerra del Viet-Nam, la generalizada puesta en cuestión de los valores enarbolados por las generaciones anteriores, las nuevas estructuras del western hacen saltar en mil pedazos el mito americano para empezar un camino crítico y autorreflexivo que con frecuencia conduce al crepúsculo del proplo género. Donde antes se ensalzaba la heroica conquista de los territorios salvajes, ahora se denuncia el genocidio de las tribus indias: donde antes se hablaba de exaltación colonizadora, ahora se nos cuenta del ocaso de unas formas de vida y el desplazamiento de los héroes; es la definitiva erosión de una concepción pionera y primigenia de la aventura y su transmutación en una nueva épica: El drama de unos hombres sobrepasados por la Historia y el amanecer de una sociedad más rígida y encorsetada, la irrupción del progreso, el desconcierto existencial: la decadencia de los héroes, el declive de los pistoleros, el final del “west”, Hacen su aparición Ios DIRTY WESTERNS" (expresiòn acuñada por Richard Schickel, periodista de LIFE) en un redundante afán desmitificador no exento a veces de cierto mecanicismo, y el "western crepuscular" empieza a tomar carta de naturaleza; Por primera vez la acción empieza a situarse en el siglo XX y abundan los films cuya adscripción al género puede considerarse dudosa. "Cuando mueren Ias leyendas" (When the legends die, 1972) de Stuart Millar, "Junior Bonner" (1972) de Peckinpah, "Los centauros" (The Honkers, 1972) de Steve Inhart, "Quiero la cabeza de Alfredo García".(1974), también de Peckinpah, etc.En el nuevo western la “aventura” ha perdido su sentido y los valores mixtificados de un mundo que ha evolucionado más deprisa que sus protagonistas, desplazan a los viejos héroes que carecen ya de la suficiente flexibilidad como para adaptarse a las nuevas estructuras y que son los últimos vestigios de un universo en trance de extinción. El género entona la despedida a un mundo que agoniza y nuevos factores enmarcan su discurrir: una nueva actitud de respeto y rehabilitación hacia los indios, la aparición del humor en primer término de las narraciones y como elemento determinante de los propósitos desmitificadores, un mayor y más acusado realismo descriptivo, la aparición de elementos insólitos (animales, coches, ametralladoras, bicicletas, policías,.etc.), personajes solitarios y deambulantes que se sienten fuera de época y, al fondo, bajo su apariencia intrascendente o violenta, el palpitar de una mala conciencia subyacente. Personajes históricos como Billy “el niño”, Pat Garret, Wyatt Earp, Doc Holliday, Sundance Kid, Jesse James, Butch Cassidy o Roy Bean son contemplados desde nuevas perspectivas, recobran su humanidad, su aliento trágico y nos desvelan facetas ocultas. Los héroes, cansados, abatidos, escépticos o desengañados, afrontan su destrucción física y moral: Will Penny, Monty Walsh, Pike Bishop, Tom Horn, Cable Hogue o Junior Bonner están viejos, solos, acosados, y se rebelan contra la asepsia deshumanizada de la nueva era, reivindican su ya muy devaluada libertad personal y defienden su territorio moral (ya no les queda otro) frente al incontenible avance de las alambradas que acotan los grandes espacios abiertos en los que han vivido, frente al imperio de la ley o frente a las prospecciones petrolíferas que amenazan incluso los ranchos de los grandes terratenientes.Los grandes clásicos, conscientes de la mutación que se está produciendo, de su propia vejez y desplazamiento, abordan con serena lucidez y grandeza moral un género cambiante produciendo un ramillete de obras maestras, que cuentan entre las aportaciones más importantes: "El hombre que mató a Liberty Valance" (The, man who shot Liberty Valance, 1962) de John Ford, "Vidas rebeldes" (The misfits, 1961) de John Huston, "Una trompeta lejana" (A distant trumpet, 1964) de Raoul Walsh, "El gran combate" (Cheyenn Autumn, 1964) de Ford, "Eldorado" (1967) de Howard Hawks, "El día de los tramposos" (There was a crooked man, 1970) de Joseph L Mankiewicz, etc., cuya categoría y profundidad constituyen el mejor legado de estos maestros y el testimonio más evidente de su auténtica modernidad. El propio John Ford, haciéndose eco de una constante que subyace a la mayoría de estos nuevos westerns, la evocación y añoranza melancólica del tiempo de la predemocracia, la exaltación de los orígenes, resumía así su cariño por el género: "Amo el western, la época del western, pero no por el western en sí mismo sino a causa de las gentes con las que debo trabajar. Personas muy simpáticas, desordenadas, cow-boys a quienes les gusta el aire libre, todos llevamos dentro el deseo de dejar atrás el mundo civilizado y sentimos celos de ellos no, en cuanto a individuos sino por la vida sencilla que pueden llevar".En todo este período, las aportaciones esporádicas de Richard Brooks, Robert Aldrich, Don Siegel, Abraham Polonsky o Blake Edwards. suponen una visión ya madurada del género, adaptado a las nuevas características. En otra línea, Sidney Pollack, Tom Gries, Arthur Penn, Monte Hellman o Robert Altman inician con sus primeros tanteos en el western esa concepción desmitificadora, realista, violenta y a veces descarnada, austera, seca y concisa. La última promoción de directores que se ha acercado a los terrenos del "west" son gente como Stuart Millar, Frank Perry, Dick Richards, Clint Eastwood, Elliot Silverstein, Lamont Johnson, Dennis Hopper, Stan Dragotti, Peter Fonda, George Roy Hill, Richard C. Serafian, Mark Rydell, Walter Hill, etc., cuya dispersa calidad, variopintos estilos y hoterogéneas concepciones hacen muy difìcil una valoración global. Mientras tanto otros hombres, más sólidos y veteranos, menos definidos y de más apagada personalidad, también se han visto influidos por las nuevas corrientes en mayor o menor grado: John Sturges, Gordon Douglas, Robert Parrish, Andrew McLaglen o Burt Kennedy. De entre todos ellos, son bien pocos los títulos que alcanzan la serena y fluida armonía de las últimas obras de Ford, Walsh o Hawks, cuya grandeza clásica es fruto de una larga experiencia y de una lucidez existencial fuera del alcance de los nuevos directores, pero todos ellos testimonian por separados y por acumulación, el cambio de perspectiva. La transfiguración de los paisajes, la relativización de las viejas certezas y el nacimiento de un nuevo western. "Cuando la leyenda se convierte en realidad, se publica la leyenda", dice el periodista casi al final de uno de los westerns más emocionantes y reflexivos que se han rodado nunca: "El hombre que mató a Liberty Valance" . En aquella obra memorable, John Ford "publica" la realidad al tiempo que narra, con cariño y melancolía; la leyenda, desvelando así el mito y la verdad. Sam Peckinpah cuenta la realidad conservando, con entrañable cercanía, lo que en ella hay de leyenda; sus westerns nos hablan.de las mismas cosas, de los mismos personajes y de los mismos lugares de los que nos hablaban los clásicos, pero su punto de vista ya no es el mismo. La dimensión fronteriza de la obra de Peckinpah no reside en una subordinación a valores trasnochados ni se debe a un sentimiento nostálgico, sino que nace en su conciencia de vivir al borde del precipicio, de la urgente necesidad de una continuidad improbable, del rechazo a traspasar una línea al otro lado de la cual él no sería nadie.En el Oeste peckinpahiano volvemos a encontrarnos con el culto a la amistad de Hawks, con la ternura y la humanidad de Ford, con el sentido dramático del paisaje presente en Mann, con el dinamismo y la fisicidad de Walsh, con la potencia lírica de Ray y con la rabia expresiva de Fuller. Sin embargo, siendo Peckinpah, tan inestable como Ray, tan maldito como Fuller, tan fiel a si mismo como Boetticher, no alcanza ni el desbordado lirismo emocional del autor de “Johnny Guitar” (1953), ni la desnudez furiosa del creador de “Forty guns” (1957), ni la concisión, el laconismo y el sencillo de su antecedente más claro, el autor de “A time for dying” (1969). La naturaleza de sus western hay que buscarla en la proximidad juvenil con los restos del viejo Oeste, en su contacto directo con los parajes que más tarde reconstruirá en sus films (el poblado minero de “Duelo en Alta sierra” cuyas tiendas fueron elaboradas con las velas de la Bounty, robadas por el director artístico, Leroy Coleman, se inspira directamente en el campamento cerca del que vivió sus primeros años) y en su apego a la autenticidad de aquella vida. El territorio del Oeste es pues, sin duda, su terreno de juego favorito, el espacio en el que mejor se desenvuelve y a propósito del cual nos ha contado más-y más interesantes cosas, con mayor convencimiento y con más lucidez. En el Oeste reconoce sus orígenes, sus raíces familiares y su aprendizaje; de él ha nacido y a él sigue perteneciendo. Es el terreno en el que su creatividad se ha desarrollado más libremente."No me interesa el mito. Sólo me interesa la verdad. Y el mito del Oeste se encuentra en la explotación de la gente que iba a conseguir tierra. Si se quiere hacer una película sobre el Oeste hay que hacerla sobre esta gente. . . que robaron y mataron a los "malditos" indios. . ." . Coherentemente con ello, los héroes de Peckinpah ya no son los grandes y valientes colonizadores sino personajes solitarios, desplazados o acabados; vencidos de antemano, ellos lo saben y se enfrentan desesperadamente a la realidad esforzándose por no ser barridos de un escenario que ya no es el suyo. Estamos lejos de la ejemplaridad convencional y de la arquetipicidad representativa del Oeste clásico. Si los personajes de Ray se hallan en continua transitoriedad, los de Peckinpah se encuentran anclados en el pasado e incapaces de readaptarse, morirán aferrados al preterito. Este sentimiento de caducidad impregna de tal manera la personalidad de Peckinpah que acentúa siempre sus ataduras a la tierra en la que nació: ". . . en el Oeste era distinto, pero ya no estamos allí y tenemos que enfrentarnos a nuestra realidad. Y esto no es fácil. Para mí sobre todo, porque soy californiano de cuatro generaciones. . .". Los protagonistas de Peckinpah se expresan con cierta altura poética y profundidad de pensamiento, expresan en voz alta reflexiones internas que trasladan las que Peckinpah se hace sobre sí mismo y sobre el Oeste, y, en su escapada hacia el siglo pasado, Steve Judd, Mayor Dundee, Pike Bishop, Cable Hogue, los Bonner, Billy the Kid, etc., dejan atrás los albores de una nueva civilización que ya no les necesita.La visión crítica de la Historia que los westerns de Peckinpah llevan implícita en sus narraciones, es el reflejo a veces intuitivo, a veces consciente, de su rechazo hacia unos valores que detesta. El propio Peckinpah decia, a propósito de "Grupo salvaje' que habìa intentado reflejar la mala conciencia de América, y en esa misma línea, preguntado sobre si sus westerns representaban el revés del mito de la América triunfante, contestó: "¿Y si fuesen por el contrario, la verdad sobre el sueño americano, sobre el mito del éxito. . .?". De ahí que las historias de Peckinpah, su suciedad, su violencia, su anacronismo, acaben con frecuencia en busca de una nueva frontera que el autor de "Grupo salvaje" identifica con el territorio mejicano que, como más tarde veremos, es objeto de especial atracción en toda su obra.Si los westerns de Peckinpah son desmitificadores, no se debe a una imposición apriorística que actúe como una elección ajena y externa a sus historias, sino que obedece a una necesidad moral de humanizar a los personajes, desvelar la complejidad de las situaciones y la ambivalencia de los acontecimientos como fruto del compromiso consigo mismo. No es la vía de la caricatura o de la distorsión, sino la de la humanización por vìa de la ternura y de la reflexión.La valoración crítica de la aportación peckinpahiana al universo del "west" ha oscilado entre la equiparación con John Ford y la disputa, un tanto absurda, con Monte Hellman. Mientras para unos (Cahiers) el autor de “Ride in the whirlwind” (1966):superaba aI de "Mayor Dundee" para otros (Positif) tan sólo resulta comparable. Si a estas alturas una polémica semejante ha dejado de tener razón de ser, es porque desde hace 20 años no ha surgido ningún otro creador que hablara del Oeste con el conocimiento, el cariño y la pasión con que lo ha hecho Pékinpah a lo largo de una serie de películas que guardan entre sí la coherencia de una evolución anímica y moral perfectamente reconocible. (Texto de Herrero, Fernando y Fernández, José, tomado Cine Independiente Americano: Una Introducción. Madrid: Semana Internacional de Cine, 1982)
FA 3950

Robert Guédiguian - La Ville est tranquille (2000)

La ciudad está tranquila
Se narran las desventuras de una gran cantidad de personajes, centrando la mirada en dos de ellos: por un lado está Michèle, una mujer casada con un hombre desocupado, borracho y abusivo, que trabaja por las noches en una empresa pesquera y, de día, intenta ayudar a su hija drogadicta; en el otro lado está Paul, un hombre solitario que decide traicionar a sus compañeros estibadores en huelga para -con la plata de la indemnización- convertirse en taxista. Historias singulares que se desarrollan al mismo tiempo y en el mismo espacio, la ciudad de Marsella en el año 2000. (grancine.net)
FA 3950

Kon Ichikawa - Yukinojo Henge (1963)

LA REVANCHA DE UN ACTOR
Yukinojo es un actor de teatro que busca vengar la muerte y agonía de sus padres, para ello tendrá que eliminar a los que provocaron su desgracia. Sus dotes de actor y su habilidad con la espada adquirida en la juventud, le permitirán acercarse a las personas mas influyentes y doblegarlas a su voluntad.
"La revancha de un actor" es, sin ninguna duda, la película más asombrosa, lúdica y demencial del dúo Ichikawa-Wada, que significativamente clausura la colaboración profesional entre ambos. En Cinemascope y restallantes colores, la película que hizo delirar a Susan Sontag y Nicholas Ray narra una historia de venganza familiar. El vengador es un actor de teatro kabuki que se infiltra en el seno del grupo de despiadados comerciantes que tiempo atrás llevaron a sus padres a la quiebra, la locura y el suicidio. Pero tiene una particularidad: es un onnagata, nombre que en la tradición del kabuki reciben los actores especializados en papeles de mujer. A diferencia de los onnagata tradicionales, que fuera de escena se sacan sus ropajes de mujer, éste se los deja puestos, y sus preferencias sexuales nunca quedan del todo claras. Lo curioso es que, así vestido, seduce no sólo a la hija del comerciante sino a una segunda mujer, que caen rendidas a sus pies apenas lo ven luciendo su arrobador kimono azabache. Pero, además, el juego de mediaciones y duplicaciones se completa con un ladrón que va siguiendo los movimientos del actor, y un segundo ladrón que compite con el primero para ver quién es mejor. El actor que hace del ladrón y el actor que hace del actor son uno y el mismo. En realidad... ¡es el mismo actor que había hecho ambos papeles en una primera versión de la película, treinta años atrás! La revancha de un actor es, por otra parte, la película donde Ichikawa lleva al extremo dos de sus constantes más marcadas: el carácter laberíntico del relato, que avanza y retrocede, se dispersa y se disgrega, con la intención de inocular en el espectador las ideas de artificio y representación, y una estética acorde, cuyos decorados son siempre artificiales, cuyos encuadres persiguen la más acusada geometría y cuyos colores no le deben nada a la naturaleza. Para sumar arbitrio y distanciamiento, Ichikawa prende y apaga luces en el interior de las escenas (Coppola tiene que haber visto La revancha de un actor antes de filmar One from the heart) y combina música tradicional con pasajes jazzísticos, saturando las escenas de aparente romance con violines que chorrean sentimentalismo. Y después dicen que los japoneses son gente muy tradicionalista.
FA 3948

Josué Méndez - Días de Santiago (2004)

Santiago Román, un ex-soldado de 23 años ha vuelto a Lima después de años de haber luchado contra la subversión terrorista y el narcotráfico en su propio país y en la guerra con el Ecuador.
Dentro del panorama más reciente del cine peruano sin duda es esta película (opera prima de su realizador) la más interesante realización. El seguimiento al itinerario existencial de un heróe de apariencia ordinaria adquiere niveles insólitos dentro de lo que se había visto anteriormente. La lucha interior del ex combatiente por sobrevivir en la ciudad y bajo sus reglas no se desarrolla aquí como un alegato social sino hacia un más allá, hacia un nivel mucho más profundo e indistinguible. Es la enfermedad del hombre y su conflicto con los peores adversarios: su propia mente y espíritu.Santiago (potente actuación de Pietro Sibille) es un ex combatiente de la Marina de Guerra del Perú acostumbrado a imponer una forma de orden lejos de la civilización. Allá donde los ojos acusadores de cualquier ente pasivo y pensante no se atreven a mentar la ley. Allá donde se viven los restos de lo que fue una cruenta lucha contra el terrorismo en su peor época y una fracasada y corta bronca con un país vecino, que puso en evidencia el abandono de esas zonas producto del patológico centralismo. Como él mismo se define, allá era alguien. Un hombre de acción que como león enjaulado debía someterse a otras reglas de regreso a la gran capital. El conflicto entre su particular ideología con la de la polisémica y caótica Lima (y de cualquier seña de vida y convivencia) es el centro mismo de la película.Conflicto que se desenvuelve en los diversos episodios que se suceden alrededor del ex héroe convertido en expresión de tantos otros jóvenes de otras ficciones nacionales cuyos problemas tangibles (desempleo, desarraigos familiares) son los elementos reguladores de insatisfacciones más profundas. El caso de Santiago es insólito pues carga consigo el recuerdo poderoso de cuanto acto realizó como parte de su formación de joven pero que paralelamente le otorgó una especie de estatus, casi como dueño de su propio destino. Por ello se imagina con la invariable y terca consigna de dar la última palabra. Su obsesión por el control de todo apenas si se resume en una frase parca pero precisa: "sin orden nada existe". Casi recuerda al reyezuelo Kurtz de Apocalypse Now pero como si hubiera regresado a la lustrosa Norteamérica solo para lamentar la pérdida de su precioso trono allá en la jungla.Pero el caso de Santiago es el de una tragedia personal, mínima, intrínseca, la de un joven tratando de reinsertarse a un sistema que no entiende. Un sistema cuya defensa fue motivo de su lejano viaje a una realidad paralela de la cual ha regresado convertido en otro (tal vez en otro iluminado). Así lo vemos tentando todas las vías posibles: la de un trabajo, la de los estudios, la del amor y la amistad. Pero en todas ellas habrá de fracasar por algo incomprensible para los demás salvo para él y los espectadores que lo seguimos y escuchamos. Lejos está de afectarse por su disfuncional y humilde familia, ni mucho menos curarse (así su mujer sea enfermera). Sus sorpresivos arrebatos son apenas la explosión de su peculiar percepción cuando choca con la realidad de la convivencia con otro ser humano (contaminante) al cual no permitirá acercarse demasiado como para perturbar sus escapes en blanco y negro. El color de la variada y bullente vida alrededor es demasiado contraste para su línea vital y mental.Y la película crea su interés en base a la contrastada y conflictiva mirada hacia esa trayectoria errática casi en círculos (como la de cualquiera pateando latas). La ruidosa realidad de cláxones y combis, de pitos y griteríos, de caminatas y tropezones de la informal Lima solo puede ser evitada si crea alrededor de él una barrera que lo aísle, una barrera mental que como siempre no tardará en lindar con la locura. Más bien los únicos momentos de paz serán los vividos allá en algún simulacro de misión en la punta del cerro o en la extensa playa donde el horizonte parece ser lo único armónico en el mundo. Tal trayectoria lo acerca a un ser fantasmal al cual distinguimos nosotros pero nadie más a su lado.La puesta en escena hace de estas luchas y contradicciones su forma narrativa misma. Ese conflicto entre el blanco y negro y el color es total y expresivo como pocos intentos similares en nuestro cine. Luce como el encendido y apagado de esa furia y dolor, como la de ese león deambulando de un lado a otro de la jaula. Lejos está de una representación realista a secas, va mucho más allá. Ni siquiera las míseras y bizarras apariencias de algunas partes del paisaje limeño habrán de darle gran peso como retrato realista a pesar de lo llamativos que resultan (habría que citar el empeño de la dirección de arte en algunos momentos). El contexto apenas si sirve para expresar todo el alterado mundo interior del protagonista y aún así consigue paradójicamente el mejor retrato de la juventud peruana actual, crecida en medio de una sociedad que apenas cicatriza heridas pasadas. Heridas que como las de Santiago no se distinguen a simple vista. (Jorge Esponda: Cinencuentro)
Dos cosas me motivaron a realizar esta película. Una es la cita de abajo, la cual leí en una pared caminando un día por las calles de Lima. La otra fue la oportunidad de conocer al Santiago de la vida real, un joven ex-soldado peruano. Su generosidad, su simpatía, su humildad, me hicieron tomar conciencia de la terrible indiferencia social y estatal hacia personas que creyeron en su país.
Para mí, Santiago Román, el personaje, representa a una generación engañada que perdió su juventud en el campo de batalla y volvió a la ciudad sólo para luchar una vez más por adaptarse y sobrevivir en una sociedad sin memoria, que ni los reconoce ni los aprecia; una sociedad incapaz de ofrecer un rol digno a aquellos que lo dieron todo por protegerla, y donde todos compartimos la culpa por permitir un sistema que prepara a sus hijos para la guerra sólo para abandonarlos y dejarlos de lado una vez alcanzada la paz.
Días de Santiago es una película urbana. Trata de la rudeza de la vida en la urbe, de sus calles, del tráfico, del caos. No tiene, por lo tanto, ningún flashback. Las memorias de la guerra sólo están dentro de la cabeza de Santiago, y lo atormentan. Esto se expresa en la película a travéz de la voz en off del protagonista. El estilo visual del largometraje es ecléctico, la mitad del tiempo la fotogrfía es a color, la otra mitad blanco y negro. Después de todo, es la historia de un hombre en búsqueda de orden, balance y armonía en un mundo caótico.
La estructura narrativa del film no es convencional, no sigue estrictamente la estructura en tres actos, es más bien una estructura que refleja a su personaje principal. Así como Santiago no encuentra una dirección clara para su vida al comienzo de la historia, la película misma tampoco parece encontrar una dirección, no hay un camino claro, un final certero. Sólo cuando Santiago decide empezar una nueva vida la película logra concentrar suficiente impulso y la historia empieza a fluir con más rapidez. A partir de entonces la estructura sigue al personaje en su búsqueda por pertenecer y salvar gente en la vida civil. La cámara sólo busca acompañarlo, sea fija o en mano, con la intención de lograr atrapar a la audiencia y llevarla lo más próximo posible al estado mental del personaje, a su paranoia, a su inestabilidad, a su fragilidad social. (Texto de Josué Méndez , tomado deCinencuentro)
FA 3947

Hector Babenco - Pixote: A Lei do Mais Fraco (1981)

Pixote, la ley del más débil
En las calles de São Paulo, Brasil, los niños se ven obligados a buscar cualquier medio que les permita sobrevivir. La ley prohibe que un menos de 18 años pueda ser encarcelado, situación que es aprovechada por traficantes, ladrones y otros criminales para su beneficio. De esta manera, los niños son utilizados para cometer crímenes, sin que nadie pueda evitarlo.
Pixote es uno de estos niños sin nombre, sin apellidos. Sólo Pixote (pibe, chavo, chaval). Ha vivido en las calles toda su vida y las conoce como la palma de su mano.
Como otros niños, Pixote vagabundea enmedio de prostitutas y tahures, ganándose la vida como puede. El instinto de supervivencia lo anima, a pesar de que el destino no le ofrezca ninguna esperanza, como a ninguno de los otros niños.

Pixote le permitió a Babenco experimentar con los límites cada vez más borrosos entre realidad y ficción. Planeada originalmente como un documental sobre los "niños de la calle" de São Paulo, Pixote terminó convirtiéndose en una cinta de ficción luego que las autoridades de los reformatorios juveniles de la ciudad se negaran a colaborar con el rodaje.
Babenco reclutó a varios niños vagabundos, entre ellos el extraordinario Fernando Ramos da Silva, el inolvidable "Pixote" del título, para dar vida a los personajes de este crudo drama. El resultado, aunque fruto de la imaginación, posee un vibrante espíritu realista que produce en el espectador la sensación de estar observando un documental.
El drama de Pixote trascendió las pantallas de una forma cruel e irónica. El joven Ramos da Silva se convirtió en una celebridad instantánea, pero la fama y la fortuna duraron muy poco. Años después, olvidado y empobrecido, Ramos da Silva fue muerto a tiros por un policía que lo perseguía tras haber cometido un robo, repitiendo el fatal destino de Pixote.
FA 3946

Gianni Di Gregorio - Pranzo di ferragosto (2008)

Vacaciones de Ferragosto
Los momentos de crisis son momentos de oportunidades: una sentencia tan oriental es puesta aquí en práctica por la sabiduría latina. Más precisamente en Roma, donde todos los años se celebra il Ferragosto, un par de días no laborables que la gente aprovecha para alejarse de la ciudad. Allí vive, con su madre, Gianni (el propio Di Gregorio) una vida del montón, apacible, hasta que la oportunidad llama a la puerta de la manera menos esperada. Con todos los elementos que conforman la comedia alla italiana, es decir, mucha comida, una descripción muy acertada de sus personajes y un grupo de señoras mayores que se ganan la película con sólo hacer de sí mismas, Pranzo di Ferragosto, éxito de público en su país de origen, marca el debut como realizador de Gianni Di Gregorio, usual colaborador de Matteo Garrone. (BAFICI)
FA 3945

Eldar Shengelaya - Tsisperi mtebi anu daujerebeli ambavi (1983)

Sátira sobre la burocracia soviética, en la que el protagonista trata una y otra vez sin éxito que le publiquen su novela. (FILMAFFINITY)
FA 3944

AJ Schnack - About a Son (2006)

Kurt Cobain narrando su propio documental. Eso es About a Son, un film realizado por AJ Schnack, basándose en 25 horas inéditas de audio, producto de las entrevistas que Michael Azerrad, periodista y biógrafo oficial del líder de Nirvana, realizó para su libro “Come As You Are: The Story of Nirvana”. En el documental Kurt narra su propia vida, desde su niñez y adolescencia hasta sus días de descubrimiento musical y más tarde, en sus días de inmanejable fama.
Es atípico encontrar una aproximación tan estimulante y vívida a la existencia de un músico popular. A este músico en cuestión la fama acabó resultándole nauseabunda, los periodistas, la raza con más estiércol sobre la tierra, y su leyenda negra fue engordada por éstos y por otros, que se encargaron de salpicar bien su lápida con mil y un chismes escabrosos, rifando hipótesis que cuestionaran el suicidio. El eslogan publicitario de esta inclasificable About a son reza: «Kurt Cobain in his own words».
About a son son imágenes, música y voz en off. Claro que decir simplemente esto no es gran cosa, ya que son muchas las películas que se construyen así. Lo que sucede en About a son es que el contenido que da cuerpo a cada uno de esos elementos no es el habitual y se produce además un valioso y electrizante rescate de material inédito. Las imágenes invocadas no son las del músico, la banda, sus familiares o sus amigos. No asistimos ni a conciertos ni a ensayos. No es el montaje usual de material de archivo y entrevistas. El protagonismo visual es de los lugares. AJ Schnack capta la vida de Aberdeen, Montesano, Olympia y Seattle, todas ellas localidades del estado americano de Washington por las que Kurt Cobain pasó. Ciudades grises, paisajes industriales con chimeneas humeantes, cables eléctricos y semáforos, grúas altaneras entre los bloques de cemento, cargamentos de madera, flujos interminables de vehículos y peatones. «Soy un producto de esta jodida y malcriada América (…)», dirá después el músico, al que sólo veremos en alguna fotografía final.
El director de Gigantic (a tale of two Johns) (2002) —anterior largometraje de Schnack sobre el grupo They might be giants— concibe así un particular recorrido, una road movie donde sigue las huellas del muerto, el rastro de su fantasma. En algunos momentos, podemos sentirnos regresando a Koyaanisqatsi (Godfrey Reggio, 1982) sin Philip Glass o a la “trilogía de la muerte” de Gus Van Sant —temáticamente, a Last days (2005); formalmente, a Gerry (2002), pero sin Gerry o a Elephant (2003). En una secuencia Kurt Cobain explica: «Era visto como el chico que probablemente traería una AK-47 a la escuela y volaría a todos»—.
Justamente dentro de esa estampa urbana contemporánea, otra señal atípica y poco frecuentada que aparece de manera intermitente. Schnack parece reivindicar rostros anónimos mediante el uso del primer plano. La masa compacta se va escindiendo en caras diferentes y únicas. Es la gente que el vocalista de Nirvana creía temer y odiar, pero entre quienes se encontraba también su entregado público. No obstante, el mensaje funciona agudamente en dos direcciones: reivindica la imagen de lo anónimo y defiende eliminar la imagen sobreexplotada de la estrella instándonos, en cambio, a escucharla.
No suena la música de Nirvana. About a son se abstiene y suenan otros, aquellos que sonaron antes que el músico, determinantes para encender su pasión e iniciar su aprendizaje: Scratch Acid, Butthole Surfers, Big Black, Queen, Springsteen, REM… Y junto a éstos, un tercer elemento, quizá el más especial por cuanto tiene de íntimo y de inédito: la voz de Kurt Cobain, pero que no funcionaría igual sin los espacios ni sin los rostros. Más de 60 minutos de Kurt en off, extractos de las 25 horas de entrevistas que guardaba en casetes el periodista Michael Azerrad. Aquel material grabado entre diciembre de 1992 y marzo de 1993, un año antes de la fatídica muerte, fue la base para el libro Come as you are: the story of Nirvana. AJ Schnack ha desempolvado esas cintas para reclamar el testimonio en primera persona, aunque el músico esté ya en la tumba.
About a son es una película honesta y atrevida que además genera un extraño efecto, como si hubiéramos embarcado en un inquietante y revelador viaje temporal en cuyo transcurso un muerto de 13 ó 14 años nos cuenta cómo fue su vida sin ser consciente de que en realidad nos está relatando sus memorias. (Texto de Covadonga de la Cuesta, tomado de Miradas de Cine)
Aquì una entrevista con Schnack
FA 3943

Stefan Uher - Keby som mal pusku (1972)

Una tragicómica historia acerca la infancia de un niño eslovaco de doce años durante la ocupación de su país por parte de los Nazis. Él frecuentemente fantasea con derrotar a los Nazis que ocupan su pueblo. Un día su tío, un contrabandista, llega con fusil para que lo oculte, él comienza a imaginar la posibilidad de matar al comandante Nazi local...
FA 3942

Sergéi Eisenstein - Staroye i novoye (1929)

Lo Viejo y lo Nuevo (La línea general, 1929)
Según el historiador Georges Sadoul, Eisenstein comenzó este film tras el estreno de El acorazado Potemkin (1925), pero debió interrumpir su realización para hacer Octubre (1928). La idea era contar el proceso de colectivización de la tierra, en una época en que éste estaba lejos de haberse realizado a gran escala. Fue empresa difícil para un hombre de la ciudad anticipar lo que habría de ser la vida del campo y, por una vez, la masa debió ceder su puesto a algunos protagonistas individuales. Eisenstein eligió a una joven aldeana, Marfa Lapkina, que nada sabía de cine o teatro, para el papel de la protagonista y rechazó casi por completo la filmación en estudios y los decorados artificiales. (Malba)
Una campesina, ante las dificultades de la sociedad, se decide a cambiar de sistema y a sustituir su posibilidad de trabajo individual por uno colectivo. Con la colaboración del consultor agrícola de la región y de unos campesinos tan pobres o más que ella misma, se pone en marcha. Pero los éxitos conseguidos molestan a las autoridades ya los kulaks, que intuyen el peligro de la cooperación, alineando contra ella toda su fuerza, a fin de inutilizar el espíritu luchador de Marfa. Todo es inútil: los cuadros luchadores de la comunidad se cierran alrededor de la mujer, que consigue algo por entonces inaudito: hacerse con un tractor. La imagen de éste se encadena con una enorme multitud de tractores avanzando por las amplias llanuras.
Los objetivos de La línea general obedecen a dos motivaciones. Por una parte, se trata de un film didáctico. Explica cómo y por qué deben realizarse los cambios que permitirán continuar la Revolución en el ámbito rural soviético, los cambios que transformarán a los mujiks en koljosianos. Pero es, además, un film de "ficción documental", que refleja las dificultades y los éxitos alcanzados durante el proceso de colectivización agrícola durante el período que media entre el XV Congreso del Partido (diciembre de 1927) que fijó las líneas directrices y el Pleno del Comité Central del PC de noviembre de 1929, que, en sus conclusiones recogía "los progresos efectuados en el movimiento koljosiano de masas, considerado como una fase decisiva de la construcción del socialismo".
El tiempo transcurrido entre la concepción del argumento de esta película y de su montaje definitivo es contemporáneo con los años que separan estos dos acontecimientos. Eisenstein comenzó a escribir el guión en 1926 y el film se terminó en noviembre de 1929. La crítica que, con una gran proximidad a la mentalidad del realizador con 'complicidad' incluso, hizo el coetáneo Victor Sklovski, recogía esta situación: "El film tenía que ser rehecho. El inicio, más bien tímido, las indecisiones de Marfa Lapkina y sus amigos y vecinos, que no sabían si la leche cuajaría o no, dejaban espacio a una solución nueva. Pero Sergei Mijailovich reemprendió el rodaje de La línea general y en noviembre el film ya estaba acabado. Mientras tanto, en el campo se habían verificado cambios radicales. Por decisión del partido, se habían enviado decenas de millares de hombres, encargados de realizar el nuevo programa.La línea general había cambiado, pero todavía no se había alcanzado lo que se pretendía, faltaba algo. La película registraba en primeros planos los cambios acontecidos en la psique humana, pero no conseguía llevar el paso con la realidad. De hecho, el film, titulado Lo viejo y lo nuevo, habría debido ser proyectado tal como había sido rodado la primera vez y aprobado.La línea general, en cambio, tenía que ser revisada. Los aspectos trágicos de aquella fase de transición, los cambios acontecidos en la vida y en los métodos de trabajo de la mayoría de la población no se podían expresar limitándose a mostrar un nuevo tipo de fuerza motriz. Los films y los libros dedicados a la nueva realidad han necesitado, para nacer, enteras décadas, pero el film de Sergei Mijailovich conseguía comunicar la fe orgullosa en el nuevo orden, en el sueño y en la posibilidad de realizarlo".
Pero los motivos, las características de la película, que justifican la crítica de Sklovski son, precisamente, los que hacen de Lo Viejo y lo Nuevo un documento excepcional para ilustrar las explicaciones históricas referidas a la colectivización del campo, en particular, y a la Revolución soviética en su totalidad.En primer lugar, el film analiza un proceso cuyo proyecto, cuyo guión, está prefijado por unas determinantes muy concretas. La interpretación de la historia, según los dogmas del materialismo científico-marxista permite una auténtica profecía: lo que se debe hacer, la colectivización, se hará, será realidad, porque de esta manera se cumplen las leyes del progreso histórico.
En la película de Eisenstein el tránsito del proyecto a la realidad se identifica como la transformación de un sueño -la arcadia agropecuaria que contrasta con la dura realidad del campo de los mujiks -en lo nuevo: la integración de la agricultura soviética, colectivizada, en la modernidad urbana, industrial y mecanizada.Pero para acelerar este proceso, conocidos ya sus supuestos básicos,"científicos ': es preciso eliminar los obstáculos, lo viejo, que entorpecen la aceleración de la historia.
En función de este esquema aparece una valoración, en principio muy sencilla, que permite identificar lo "viejo" como negativo y lo "nuevo" como positivo. Pero, en armonía con los acontecimientos que se suceden de forma rapidísima en el contexto histórico en el que se realizó la película, las fronteras que separan lo viejo y lo nuevo no son estáticas, sino que se modifican rápidamente, afectando a esta primera identificación tan simplista. A una primera división entre lo moderno y lo antiguo, que sólo están separados por una temporalidad inconcreta, sucede un segundo modelo. Aquí es la Revolución de 1917 la que marca las diferencias.
En una tercera fase, la frontera entre lo viejo y lo nuevo, entre lo positivo y lo negativo, se concretará en los proyectos y las realizaciones que entre 1926 y 1929 posibilitaron el paso de la NEP a la colectivización del campo. Vemos pues que, mientras en términos generales la identificación viejo =negativo, nuevo = positivo permanece, la calificación de viejo o nuevo es modificada por el devenir de la historia. A este fenómeno, aparentemente tan obvio que puede parecer banal, cabe hacer dos matizaciones. En primer lugar, la continuidad y la aceleración del proceso. Y esto resulta muy significativo, porque supone que la Revolución no está terminada, no se ha alcanzado "el final de la historia".
En segundo lugar, la condena del inmovilismo post-revolucionario apunta a enemigos muy concretos, peligrosos porque pueden resucitar una sociedad de clases en la Rusia soviética: los kulaks, los burócratas y los tecnócratas. Éstos, nacidos de la situación post-revolucionaria de 1917, son pues nuevos pero, también, negativos. Sólo el cambio de frontera entre lo viejo y lo nuevo puede restablecer el equilibrio "natural" en el sistema de valores. Los esquemas que siguen intentan reflejar esta evolución. (Texto de Jose Florit, Lo Viejo y lo Nuevo (La línea general, 1929): Aproximación didáctica)
FA 3941

Robert Wise - The Haunting (1963)

La mansión Hill - que perteneciera a la familia Crain - ha permanecido cerrada durante años. Debido a su trágico historial de desgracias, la mansión ha ganado la fama de estar embrujada. El investigador paranormal John Markway decide realizar una pesquisa acerca de la veracidad de los rumores, contando con la ayuda de dos mujeres con experiencias paranormales, las que le pueden asistir a develar los misterios de la misma. Pero Eleanor Lance, quien se encuentra visiblemente perturbada al momento de llegar a la mansión, comienza a percibir una presencia indeseable y fantasmal que la desea a ella. Y ahora, poco a poco, Eleanor está cayendo bajo las garras del espíritu que posee la mansión Hill.
Esta fascinante y compleja obra de terror, más psicológico que físico, posee la virtud de funcionar a varios niveles de lectura: desde fuera, es una estremecedora historia que toma como base los diabólicos efectos que una casa encantada causa a todos aquellos que osan penetrar en ella y sufrir su influencia; desde dentro, es un relato sobre el proceso de auto-descubrimiento de la personalidad y tendencia sexual por parte de la protagonista. A juicio del que escribe, la esencia del film es la definición de un personaje que sufre una evolución encaminada a la liberación y el desarrollo total de su ser, mientras que los fenómenos sobrenaturales que aparentemente se producen en la casa son elementos secundarios, simples acompañantes del devenir del personaje central, auténtica piedra angular alrededor de la que giran todos los acontecimientos y los avatares del resto de caracteres presentados. Robert Wise, director de otras estimables obras de género fantástico como Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951) y La amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain, 1971), adapta la novela The Haunting of Hill House (Shirley Jackson) prescindiendo casi de efectos especiales (salvo esa puerta que palpita o late como un corazón...) y golpes de efecto fáciles o gratuitos, y consigue provocar el pánico del público mediante una puesta en escena ejemplar sustentada en la creación de una atmósfera opresiva y paranormal reforzada por los atípicos ángulos de cámara. El trepidante inicio del film, contándonos el pasado de la casa al estilo de un prólogo que nos coloca en situación e informa de los antecedentes, ya nos introduce en terreno inquietante, y constituye uno de los arranques más poderosos y contundentes del cine fantástico todos los tiempos.La gótica obra arquitectónica que sirve de escenario está filmada de modo que parece viva, consciente, verdaderamente poseída por espíritus o espectros maléficos, como si de la puerta de entrada al mismísimo Infierno se tratase. Es obligada, en este punto, realizar una especial mención a la impresionante y sensacional fotografía en blanco y negro de Davis Boulton, capaz de mostrar con gran eficacia el descarnado aspecto visual del ambiente de pesadilla en el que se encuentran los atribulados personajes. La ambigüedad del film no nos permite afirmar a ciencia cierta si la casa realmente estaba encantada o, por el contrario, todo formaba parte de la auto-sugestión que las leyendas y los entornos causan sobre los seres que acuden a tan específico lugar. Es posible que los fenómenos inexplicables sencillamente fuesen producto de la imaginación de sus mentes. En todo caso, el relato siempre se mueve entre dos aguas (realidad/imaginación) y, sin duda, se debe considerar como un acierto absoluto que atrapa, más si cabe, la atención de un espectador con el corazón en un puño fruto de la formidable intensidad del producto.The Haunting se revela como un estudio de los rincones más oscuros e inconfesables de la mente humana, de los mitos y leyendas, del papel de la ciencia a la hora de explicar fenómenos extraños, de la búsqueda de la identidad propia y de la percepción de la realidad entre otras muchas cosas. Se trata, en fin, de un extraordinario clásico lleno de riqueza que forma parte de la plana mayor del subgénero de casas encantadas junto a otras cimas artísticas de características similares como El resplandor (The Shining, 1980, Stanley Kubrick), ¡Suspense! (The Innocents, 1961, Jack Clayton), La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House, 1973, John Hough), Los intrusos (The Uninvited, 1944, Lewis Allen), Poltergeist (Poltergeist, 1982, Tobe Hooper), Al final de la escalera (The Changeling, 1980, Peter Medak) o Los Otros (2001, Alejandro Amenábar). Todas ellas exprimen brillantemente la sensación de incomodidad y claustrofobia que suscitan esos espacios cerrados de aspecto tan "oscuro". (Texto de Manel Lledó Bertomeu, tomado de Pasadizo. com)
FA 3940

Paul Fejos - Lonesome (1928)

Mary y Jim, dos solitarios personajes de la gran ciudad, se encuentran de casualidad en un parque de diversiones. Pasan el día juntos, recorriendo la playa y vistando los juegos mecánicos. De improviso, la multitud y una tormenta conspiran para separarlos. ¿Se volverán a ver?
Aunque ha dirigido ya varios films en su país, son motivaciones científicas las que empujan al húngaro Paul Fejos a embarcarse con destino a América.
Una vez en el país del dólar, Fejos vuelve a sentir la llamada del celuloide y se traslada a Hollywood. Ya en tierras californianas, su primera película como realizador El último momento (The last moment, 1927) le vale al director húngaro la obtención de un prestigio profesional y la firma de un contrato con Carl Laemle Jr. por el que queda ligado a la Universal Pictures.
Con todos los medios e instalaciones de la productora puestas a su servicio, y la destreza técnica que el director húngaro atesora, Fejos experimenta con maestría sobre numerosos procedimientos, tales como sobreimpresiones múltiples, montaje en paralelo y panorámicas ópticas, tratando de utilizar el decorado más conveniente en cada momento.
Con todas esas técnicas, Fejos consigue un nutrido universo visual. Sobre él sitúa una trama simple, que cuenta la vida de dos personas en la gran ciudad, lo que a su vez le sirve de excusa para la construcción de un profundo documento antropológico, desde el que Fejos cuestiona, sin reparos, el modo de vida americano. En Lonesome se evidencian las diferentes tendencias cinematográficas, tanto europeas, alemanas y francesas como americanas, que configuran la estética del realizador húngaro, y con las que logra un lenguaje visual, poético e internacional, que hacen de este dramático e íntimo alegato, una obra irrepetible.
La película se estrena el 30 de septiembre de 1928 en el Colony de Nueva York. Además de la versión muda original, la moda imperante lleva a sonorizar tres secuencias en una nueva versión, cuyo visionado no hace sino constatar que son perfectamente superfluas. (Texto de Luis Enrique Ruiz, tomado de Obras Maestras del Cine Mudo)
FA 3939

Kenji Mizoguchi - Ugetsu monogatari (1953)

CUENTOS DE UNA LUNA PÁLIDA DE AGOSTO
Japón, siglo XVI, época de guerras civiles. Dos habitantes de una aldea sueñan con un futuro mejor. Genjuro, hábil alfarero, quiere ganar dinero vendiendo potes para darle una vida mejor a su mujer. Su vecino Tobei tiene el descabellado deseo de convertirse en un samurai. Cuando el ejército invasor se acerca a la aldea, saqueando las cosechas, esclavizando a los hombres y violando a las mujeres, las dos familias deciden partir en busca de fortuna.
FA 3937

Larisa Shepitko - Voskhozhdeniye (1977)

La ascensión/Ascensión humana
Ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, Ascensión humana sigue a dos soldados campesinos, alejados de su tropa, quienes caminan trabajosamente por los bosques nevados de Bielorrusia buscando refugio entre los aldeanos. Será un viaje que les hará conocer tanto el heroísmo como la traición.

Una obra maestra olvidada del mejor cine soviético, que fue también el testamento de la directora Larisa Shepitko, fallecida en un accidente automovilístico a poco de terminar el film.

Oso de Oro a la mejor película en la Berlinale 1977.
FA 3938

Juraj Herz - Spalovac mrtvol (1968)

El incinerador de cadáveres
Basada en una novela de Ladislav Fuks, la película transcurre en Praga durante la ocupación nazi. Karl Kopfrkingl, un hombre que trabaja en un gran crematorio, está obsesionado con su trabajo y cree que la muerte es una liberación de los sufrimientos de la vida, y que al cremar cadáveres les está liberando el alma. La llegada de los nazis convierte su excentricidad en locura…
FA 3936

Henri-Georges Clouzot - Le Corbeau (1943)

La vida de una pequeña ciudad de provincias se ve perturbada por una serie de anónimos firmados por "El Cuervo". El doctor Rémi Germain, arisco y mal visto por la gente conformista, es el primero en recibirlos: se le acusa de realizar abortos y de ser el amante de Laura Vorzet, la esposa del psiquiatra del hospital. Después de Germain, "El Cuervo" arremete contra el médico jefe y el administrador. Las malas lenguas apuntan hacia la enfermera Marie Corbin, la cual se granjeó la enemistad de muchos...
El cuervo, segunda obra de Henri Georgés Clouzot, se rueda al igual que tantas otras películas del momento, en unas condiciones verdaderamente insostenibles. Desde 1940, gran parte de Francia se encontraba ocupada bajo el poder del ejército alemán y sometida al régimen del gobierno títere de Vichy. En ésta circunstancia se vive una situación insólita, ya que muy a pesar de las innumerables trabas artísticas a las que el medio estaba sometido por parte de la censura germana (entre ellas, la imposibilidad de trabajar a todo creador que fuera o tuviera ascendencia judía), la producción francesa se incrementa notoriamente, en gran parte debido a la prohibición de la exhibición de films ingleses o norteamericanos, lo que provocó que el cine francés (junto a las producciones alemanas, a menudo boicoteadas por grupos de resistentes) copara, casi en su totalidad, las carteleras del país. Si bien una gran parte de los cineastas franceses más importantes se encontraban en el exilio (entre ellos uno de los nombres puntales, Jean Renoir), la aparición de varios directores jóvenes que intentaron aclimatarse, por todos los medios posibles, a la precariedad del momento (Robert Bresson, Jacques Becker), junto a quienes, como francotiradores, quedaron en Francia asumiendo toda clase de privaciones (Marcel Carné) o quienes hicieron de la adversidad su oportunidad al aclimatarse de manera camaleónica a las imposiciones germanas (Claude Autant-Lara), hicieron que la producción del país poseyera una versatilidad insólita en cualquier otro país que estuviera inmerso, de una u otra forma, en la Segunda Guerra Mundial. Sólo así se puede explicar la aparición de un pieza tan pesimista y radical como El cuervo, ateniéndonos a un ingente período de producción y a unas características, paradójicamente, no muy estimulantes para la ejecución de los proyectos. Su estreno fue un mazazo de enormes dimensiones ya que la película contó con el inmediato rechazo por parte de todos los sectores, tanto los germanófilos como quienes luchaban por la liberalización de Francia. De hecho, al finalizar la contienda, el film fue prohibido y Clouzot se vio privado de ejercer su profesión hasta que las presiones de un grupo de intelectuales lograron que volviera a dirigir en 1947, dos años después de acabada la guerra.
En efecto, El cuervo es un film tan extremadamente negro y perverso que su visionado resulta, aún hoy, una experiencia tan compleja y difícil de asimilar como, en el fondo, fascinante. Clouzot, mostrando una apertura de miras verdaderamente excepcional, compone una sinfonía de la infamia que afecta a todos y cada uno de los personajes que aparecen en el film. En la obra se da cita una fauna humana con la que es casi imposible identificarse, sin embargo, el cineasta fuerza la inmersión del espectador en los diversos avatares que viven los protagonistas merced a la situación en la que se ven sumidos, la amenaza latente de un peligro en forma de enigmáticas misivas que únicamente esconde el temor (pavor, más bien) a la propia conciencia, a la imposibilidad de enfrentarse a unos actos cometidos cuyas consecuencias y recuerdo resultan una losa enormemente difícil de soportar y que las cartas de “El Cuervo” acentúan hasta provocar la paranoia y el desequilibrio. Lo que, en un principio, es una historia directamente vinculada a unos individuos concretos, se abre hacia la mitad del film incluyendo a toda la colectividad, en una impresionante opción, por parte del cineasta, que logra que hacer de la negrura con la que concebía a unos personajes un prisma que alcanza a toda la condición humana. Clouzot, por consiguiente, no emite ningún juicio escrupuloso o valorativo sino, más bien, expone la situación desde el escalofrío que produce la objetividad. En unos tiempos como en los que la película se realiza, todo ser humano es culpable, sin excepción alguna y Clouzot se limita a materializar dicha culpabilidad y a subrayar el drama de conciencia que ello representa. Sobre ésta situación, el brutal asesinato con el que termina la película no ofrece posibilidad de paz o quietud y la causante del mismo se pierde entre las calles de un pueblo donde todos sus habitantes poseen, de una u otra forma, idéntica condición moral.
Los recursos que Clouzot utiliza para conseguir que éste film alcance los niveles mencionados están vinculados, casi en su integridad, a la creación de una atmósfera opresiva, inquietante, insoportable por momentos. La película posee, como claro referente, una cierta tendencia hacia el expresionismo, algo verdaderamente imprescindible para lograr una de las tesis capitales del film: la exteriorización formal de toda la negrura interna en los personajes. Y ello, como no podía ser de otra forma, se consigue mediante una fotografía contrastada (obra de Nicolas Hayer) que, en más de una ocasión, se sitúa al límite de sus posibilidades expresivas (las secuencias en el interior de la iglesia) o proyecta visualmente la turbadora dualidad humana mediante el juego entre la luz y la sombra, complementando hasta unos niveles admirables, el texto o la propia puesta en escena de Clouzot (la conversación que mantienen Vorzet y Germain sobre la bondad y la maldad del hombre). Asimismo, el film integra al pasmado espectador en sus planteamientos mediante el ritmo imparable que logra alcanzar, logrando de los constantes diálogos una turbadora arma arrojadiza en la que todos nos vemos, irremediablemente, implicados.
Extrema y escalofriante, ésta impresionante reflexión sobre la infamia humana queda no solo como la obra maestra absoluta de Clouzot, sino como una de las mejores películas de toda la Historia del Cine. (Texto de Joaquín Vallet R., tomado de Miradas de Cine)
FA 3935

Henri-Georges Clouzot - L'assassin habite au 21 (1942)

El asesino vive en el 21
Un misterioso asesino aterroriza París con sus crímenes en serie en los que deja una tarjeta con el nombre "Monsieur Durand". El inspector Vorobechik (apodado 'Wens') es asignado al caso y carece de pistas hasta que obtiene la información de que Durand es uno de los excéntricos huéspedes de la pequeña pensión familiar "Mimosa" ubicada en el n* 21 de la Avenida Junot, por lo cual toma una habitación en ella caracterizado como pastor protestante a la espera de que el asesino cometa un error. Su amante y aspirante a actriz Mila Malou decide obtener publicidad ayudándolo y lo sigue al lugar presentándose como su esposa aunque su aspecto difícilmente aparente el de la mujer de un pastor. Todos los huéspedes van siendo sucesivamente arrestados y dejados luego en libertad al ocurrir nuevos crímenes firmados mientras estaban detenidos...
FA 3934

Delbert Mann - Separate Tables (1958)

En un pequeño hotel de la ciudad inglesa de Bournemouth coincide un grupo de diversos personajes excéntricos, pertenecientes a diferentes ambientes y condición social.
Delbert Mann nació en Lawrence (Kansas), el 30 de junio de 1920. Creció en Nashville y se licenció en Ciencias Políticas en la Universidad de Vanderbilt en 1941, aunque siempre manifestó su interés por el mundo del espectáculo. Durante la II Guerra Mundial sirvió en las Fuerzas Aéreas y, al terminar la contienda, se matriculó en arte dramático en la escuela de Yale. Con sólo 29 años ya era director del teatro Town en Columbia y pronto se trasladaría a Nueva York para orientar su vida por completo hacia el mundo de la dirección.
El productor Fred Coe se erigió en su mentor y Mann pasó a trabajar en la cadena televisiva NBC; allí se curtiría como director de programas dramáticos, la mayoría de ellos emitidos en directo, entre los que se contarían decenas de entregas de la producción The Philco Television Playhouse. Sólo entre 1949 y 1955, Mann realizaría más de 100 dramas televisivos: se trataba de una época en la que la televisión norteamericana era un hervidero creativo en el que bullía el talento de posteriores cineastas que quedarían etiquetados como "la generación de la televisión", y entre los que se contaban nombres de la talla de John Frankenheimer, Arthur Penn, Robert Mulligan y Sidney Lumet.
Aunque jamás abandonaría su labor televisiva, Delbert Mann saltó pronto al mundo del cine. En 1953 había dirigido para la NBC un guión del gran Paddy Chayefsky titulado Marty, centrado en la figura de un apocado carnicero del Bronx enamorado de una joven de su barrio. Dos años más tarde sería el encargado de dirigir el relato para la gran pantalla. Se trataba de una producción independiente, distribuida por United Artists, que quería desmarcarse del grueso de las películas hollywoodienses para elaborar un filme realista, apegado a las calles y centrado en los avatares de la gente corriente. Marty triunfó en la entrega de los Oscar, obteniendo las estatuillas correspondientes a la mejor película, director, guión y actor principal.
Lejos de deslumbrarse por los fastos de la Academia, Mann retornó a la televisión y no volvió a filmar una película hasta 1957, el drama La noche de los maridos, y aun entonces se apoyó en un material por él conocido: otro guión de Chayefsky que ya había realizado para un dramático televisivo en directo.
La categoría como cineasta de Delbert Mann creció en los años posteriores, en los que encadenó Deseo bajo los olmos (1958), una excelente adaptación de Eugene O'Neill con Sofía Loren y Anthony Perkins, la inolvidable Mesas separadas (1958), en la que reunió un reparto apabullante que contaba con Deborah Kerr, Burt Lancaster, Rita Hayworth y David Niven, y la notable En mitad de la noche (1959), otro guión de Paddy Chayefsky. En los años sesenta, Mann se dedicó casi por completo al cine, aunque nunca llegase a despuntar como una estrella (incluso hoy, las enciclopedias cinematográficas no son pródigas en realzar sus logros), pero entregando estupendos filmes como las comedias Pijama para dos (1961), con Rock Hudson y Doris Day, y Suave como visón (1962), capitaneada por Cary Grant, el drama bélico Nido de águilas (1963), de nuevo con Rock Hudson, y la intriga La mujer sin rostro (1965).
A partir de 1968, Delbert Mann regresaría a la televisión, medio que siempre consideró su auténtico hogar y en el que aseguraba haber encontrado siempre la mayor libertad creativa. Su labor arrojaría un buen número de prestigiosas producciones, como David Copperfield y Sin novedad en el frente. (El Paìs)
Cuarto film del realizador norteamericano Delbert Mann (“Marty”, 1955). El guión, de Terence Rattigan, John Gay (“Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, Minnelli, 1961) y John Michael Hayes (no acreditado), adapta dos obras de teatro de un solo acto cada una (“Mesa en la ventana” y “Mesa número 7”), del dramaturgo Terence Rattigan. Se rueda en el Hotel Miramar, de Bournemouth (Dorset, Inglaterra), con decorados de Edward Carrere. Nominado a 7 Oscar, gana 2 (actor principal y actriz de reparto). Producido por Harold Hecht (“Marty”) para Hetch-Hill-Lancaster Productions/UA, se estrena el 18-XII-1958 (EEUU).La acción dramática tiene lugar en el Hotel Beauregard, de la localidad costera de Bornemouth, del Sur de Inglaterra. El establecimiento anuncia que ofrece ambiente familiar, cocina casera y comedor con mesas separadas. Los hechos suceden en el otoño de 1958. Son huéspedes fijos el comandante Agnus Pollock (Niven), militar jubilado con una gloriosa hoja de servicios; la Sra. Railton-Bell (Cooper), de carácter estricto, intransigente y dominante; la joven Sybill Railton-Bell (Kerr), tímida, sumisa y dominada por la madre, que sufre ciscunstanciales ataques de histeria; John Malcom (Lancaster), escritor norteamericano, que ahoga en alcohol los recuerdos de un antiguo amor frustrado; Charles (Taylor), estudiante de medicina; Jean (Dalton), pareja de Charles; un profesor de cultura griega; y otros. La dirección del hotel corre a cargo de la eficiente y atenta Pat Cooper (Hiller). Acaba de llegar como huésped temporal Ann Shankland (Hayworth), antigua modelo y antigua esposa de John Malcom.El film suma drama y romance. Explora cuatro historias de amor diferentes: una se basa en afinidades derivadas de represiones similares; otra trata de dar una segunda oportunidad a un amor del pasado; la tercera busca consuelo que alivie profundas frustraciones personales y la última es un amor joven, de pareja de hecho, con connotaciones obsesivas. Los personajes son seres solitarios, desilusionados y marginados, que ocultan fracasos, frustraciones y desesperación. Necesitan afecto, comprensión, apoyo y amor.La comunicación entre los huéspedes resulta difícil, porque topa con prejuicios, conveniencias sociales, inseguridades e incertidumbres. Actitudes intolerantes, intransigentes, inflexibles y autoritarias entran en colisión con propuestas que preconizan comprensión, confianza y afecto. Algunos personajes han de aprender no sólo a aceptar a los demás, sino también a aceptarse a ellos mismos. La pequeña sociedad variopinta que forman los huéspedes deviene un microcosmos que refleja y explica el mundo complejo de las relaciones interpersonales y de la convivencia en una sociedad. La música, de David Raskin (“Carrie”, Wyler, 1952), ofrece una sonora partitura orquestal de acompañamiento descriptivo y ambiental, que invita a la reflexión crítica. Añade la canción “Separate Tables”, compuesta para la ocasión, con música de Harry Warren y letra de Harold Adamson. La fotografía, de Charles Lang Jr. (“Sabrina”, Wilder, 1954), en B/N, hilvana una narración visual sobria y austera, que cierra con un espectacular y emotivo travelling de alejamiento. (Miquel de Filmaffinity)
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