domingo, 12 de agosto de 2012

Eduardo Piñero - Pablo Fernández - Alejandro Pi - Reus (2011)


Repercusiones de "Reus" en Argentina
Pablo Fernández: “El público argentino tiene que ver relatos, lenguajes y conflictos diferentes del cine uruguayo”
Suceso del cine uruguayo en 2011, “Reus” se estrenó comercialmente en cinco salas de la Argentina, buscando mostrar una cara diferente de la producción del otro lado del charco. Pablo Fernández, Alejandro Pi y Eduardo Piñero son directores y guionistas de esta coproducción uruguayo-brasileña que apuesta por el cine de género, acercándose a la estructura del cine americano con una historia de enfrentamientos entre clanes por hacerse con el poder de un barrio.
“Reus” es un policial barrial que sigue el regreso del Tano, quien tras pasar un tiempo en la cárcel regresa al barrio buscando vengarse del hombre que lo puso tras las rejas, Don Elías, líder de los comerciantes judíos de la zona. Este enfrentamiento desnuda los cambios que ha evidenciado el barrio.
Hablamos con Fernández acerca del estreno argentino de esta producción de la uruguaya Sueko Films con la brasileña Panda Filmes, que es distribuida en la Argentina por 3C Filmes.
La película fue un gran éxito en Uruguay, ¿cuál crees que fue la clave de ese suceso?
Nosotros lo que quisimos hacer desde el inicio fue crear y mostrar una historia diferente, no sólo a nivel narrativo, sino de lenguaje cinematográfico, tanto en el ritmo de edición como en el trabajo que se hizo con los actores. Tuvimos 50 mil espectadores en cuatro salas comerciales de Montevideo. Durante las primeras 5 semanas en las salas más grandes del complejo más importante de la ciudad, la película encabezó la taquilla los fines de semana, compitiendo con tanques como "¿Qué paso ayer 2?", "Piratas del Caribe" y "Rápidos y furiosos". Competimos con películas de millones de dólares de presupuesto. Creo que los números dicen que había una avidez en el público uruguayo de poder ver algo diferente. Indudablemente el cine uruguayo abrió varias puertas, y en los últimos diez años tuvo una excelente relevancia y presencia internacional, y eso nos dio la posibilidad de hacer "Reus". Pero también hay una realidad, y es que el público uruguayo está pidiendo películas de este estilo, de género. Creemos que está bueno que estemos empezando a incursionar en este tipo de áreas que son sumamente riesgosas y muy difíciles, pero que el público a nivel local lo estaba pidiendo.
¿Con qué expectativas se llega al estreno en Argentina, donde el cine uruguayo que llega es de corte más intimista?
“Reus” es un film de género y consideramos que el público argentino tiene que ver relatos, lenguajes y conflictos diferentes del cine uruguayo. Tenemos mucha expectativa en que se vea en Argentina una historia uruguaya desde otro punto de vista de nuestra ciudad y relatar una trama urbana diferente. Por eso cuando comenzamos este proyecto pensamos en realizar un film de barrio, de entretenimiento popular que pudiese disfrutar el espectador común, los que no van al cine y menos a ver cine uruguayo.
Estrenar en salas es una de las mayores dificultades para el cine argentino, ¿cómo fue para ustedes conseguir espacio y fecha para el lanzamiento?
Nos encontramos con un mercado muy competitivo pero con buena aceptación al cine uruguayo. Juan Crespo es el responsable de que lográramos finalmente estrenar en Argentina. Es un joven distribuidor y con mucha fuerza, eso era lo que buscábamos. Su distribuidora 3C Films Group trabajó en conjunto con nosotros por mucho tiempo para este estreno. Crespo trabajó duro junto a Cris Zurutuza, la encargada de prensa, teniendo mucha repercusión en los medios y en el ambiente cinematográfico. El elenco está encabezado por el argentino Camilo Parodi, hijo de la cantante Teresa Parodi, quien aquí, y luego de una extensa trayectoria teatral, debuta en la pantalla grande en Argentina. Estrenamos en buenas salas y estamos gratamente sorprendidos del recibimiento de todos los encargados de las mismas y el espacio que nos brindan.
"Reus" es una coproducción latinoamericana, puntualmente con Brasil, ¿cuáles fueron las ventajas y desventajas de esta forma de producción?
La desventaja es la distancia, quizá alguna diferencia cultural mínima, el no poder hablar y trabajar cara a cara; pero por otro lado tenés la ventaja de acceder al Programa Ibermedia, tener gran colaboración de equipo técnico y elenco. Además de que te aporten experiencia, difusión y renombre internacional. “Reus” tuvo una gran colaboración de Brasil, la productora Panda Filmes encabezada por Beto Rodrigues, y un gran aporte de Argentina como el del protagonista; esto fue clave para la realización, por eso creemos que en Uruguay el cine es sinónimo de coproducción.
La experiencia de "Reus", ¿cómo repercute en sus próximos proyectos?
La experiencia fue enorme, ya que manejamos un gran equipo e hicimos todo en base a lo que marcan los estatutos de los sindicatos y la nueva Ley de cine y Fomento, que es muy reciente y se aprobó dos meses antes del rodaje. Nos regimos por mantener un equipo sólido con mezcla de juventud y experiencia, lo que llevó a poder rodar en siete semanas sin problemas en una producción jugada en locaciones, maquinaria y elenco. Todo esto sin duda nos favorece para un siguiente proyecto.

Cynthia García Calvo
08 de abril de 2012
© LatAmcinema.com
FA 4943

Ole Bornedal - Kærlighed på film (2007) (Just Another Love Story)


Int: Anders W. Berthelsen, Rebecka Hemse, Nikolaj Lie Kaas, Charlotte Fich, Dejan Cukic, Karsten Jansfort, Flemming Enevold, Bent Mejding, Ewa Fröling, Josephine Raahauge, Timm Vladimir, Ditte Hansen, Fanny Bornedal, Daniel Stampe, Jannie Faurschou

Sinopsis: Evidentemente, el título en inglés de esta película es irónico. Primero porque Ole Bornedal, el hombre tras La sombra de la noche, jamás podrá ser un director convencional. Segundo, porque Just another love story no tiene nada de filme romántico al uso. La premisa es parecida a la de aquella comedia algo bobalicona, Mientras dormías. Un hombre casado y con hijos tiene una vida placentera, hasta el día que sufre un espectacular accidente de coche. Él queda ileso, pero la chica del otro vehículo cae en coma. El hombre la va a visitar y empieza a hacerse pasar por su novio frente a sus familiares... (FILMAFFINITY)
FA 4921

Reha Erdem - Kosmos (2010)


El universo extraño y encantador de Kosmos, la nueva película de Reha Erdem

Tras My Only Sunshine, Reha Erdem, uno de los realizadores turcos más versátiles, vuelve a ponerse tras la cámara con una historia más exigente y atractiva si cabe. Kosmos [tráiler], protagonizada por un vagabundo, un ladrón y un chamán que se llaman igual, ha sido presentada en el Festival de Sarajevo, que se celebra del 23 al 31 de julio.
(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
La cinta se cierra con una larga escena de un paisaje nevado, en la que una figura solitaria camina hacia adelante, pero cada vez más lejos de la cámara. Este es Kosmos (encarnado por el fascinante Sermet Yesil, cuyo debut en la gran pantalla fue con Erdem en A Run for Money - 1999), que llega a un pequeño pueblo turco cerca de la frontera con Rusia, a juzgar por los edificios (en realidad, ha sido rodada en Kars).
Conforme se aproxima al río, oye una joven gritar (la hermosa y convincente Turku Turan, en su primera aparición en la gran pantalla). Su hermano pequeño ha sido arrastrado por la corriente. Kosmos se lanza al agua y lo rescata. El niño revive cuando Kosmos lo coge en sus brazos.
Las noticias del milagro llegan hasta el pueblo y Kosmos es elevado a la categoría de héroe. Pero se trata de una persona bastante extraña y nadie consigue entender sus charlas sobre la vida y el universo. Pero es algo que no parece importar a Kosmos. Se comunica con la hermana del niño por una especie de ladrido. Se enamora y sus conversaciones son aburridas y extrañamente emocionantes a un tiempo.
Cuando no está curando a una extravagante galería de personajes, Kosmos se dedica a robar por las tiendas del pueblo, aunque realmente el dinero no le hace falta. Sin embargo, siempre resulta que hay alguien a quien sí le hace falta, ya sea que él se lo dé o que se lo roben. Además, es capaz de desafiar la gravedad, ya que, como él mismo dice, “La gravedad es el amor en nuestros corazones”.
El aspecto más interesante desde el punto de vista técnico de la película es el montaje del sonido, que ha ganado el premio especial del jurado en Antalya, donde también se hizo con los premios a la mejor fotografía, mejor dirección y mejor película. La historia se desarrolla en la actualidad, como prueban las pegatinas de Visa y MasterCard en las puertas de las tiendas, pero a lo lejos se oyen ruidos de cañones, misiles y metralletas. Además, el pueblo se encuentra bajo algún tipo de asedio, ya que es el ejército quien controla la situación.

Sin embargo, dado que actualmente no hay ninguna guerra en la frontera turca, y ha pasado mucho tiempo desde la última, podemos pensar que la historia tiene lugar en algún tipo de espacio metafísico más allá del espacio y el tiempo. De hecho, la ambientación parece concebida para dar un espacio donde existir a alguien como Kosmos. Con elementos de Jesucristo, Robin Hood y Yoda, es una de los personajes más singulares, originales e interesantes que han aparecido en la gran pantalla en mucho tiempo.
Y, creando un espacio encantador, extraño y optimista alrededor de este personaje, Erdem se erige como uno de los autores más auténticos del actual cine turco. Quizás incluso demasiado auténtico, a juzgar por la fría acogida que ha tenido en el festival esta sorprendente obra de arte.
FA 4918

Szabolcs Hajdu - Bibliotheque Pascal (2010)


Hablamos de ella en su momento. Es una de tantas obras cuya presencia en festivales, como, por ejemplo, la Berlinale, queda relegada a un segundo plano en secciones secundarias o simplemente enmarañada en la jungla cinematografica del mercado esperando y rezando a que algún valiente distribuidor europeo le preste la atención que merece. Es el caso de  "Bibliotheque Pascal," una singular y transgresora nueva mirada a quien únicamente se le han abierto las puertas comerciales de su Hungría natal y Alemania, siendo estrenada en ambos países en febrero del 2010. Pues bien, a partir del próximo 29 de Abril, el Festival de Cinema de Autor de Barcelona (D'A) le brindará una nueva oportunidad. Así que nosotros, volvemos a rescatarla.
Con un poderío visual y un tratamiento estético similar al barroquismo del "Moulin Rouge" de Bazz Luhrmann o incluso, al 'delirio' del "Tideland" de Terry Guilliam,"Bibliothèque Pascal" les imprime una contundente vuelta de tuerca situándose como su retorcido y tenebroso reverso trasladado a un tiempo que aunque nos pueda resultar algo más cercano, sigue navegando a medio camino entre el ensueño y la realidad.
Y es que, como se afirmaba en Cineuropa; "Cuando el río suena, agua lleva. Todas las historias, por muy fantásticas que sean, tienen una base real. De esta sencilla premisa partió el húngaro Szabolcs Hajdu para dirigir la impresionante "Bibliothèque Pascal", un largometraje en el que se narra la fea, la horrible historia de una mujer captada por una red de prostitución, como si de un tenebroso cuento de hadas se tratara". Por su parte, medios como Hollywood Reporter Variety no dudaban en situarla como una de las piezas más poderosas vistas en el certamen berlinés, capaz de trasladar una imaginativa y creatividad de proporciones épicas al 'lado oscuro.'
El local que da el enigmático título a la película, "Bibliothèque Pascal", es un burdel exclusivo al que asisten con frecuencia intelectuales y miembros de la alta sociedad británica. Las mujeres, los hombres y –sí, también– los niños en oferta tienen, cada uno, su propia habitación temática inspirada en célebres novelas u obras teatrales. Cuando Mona llega, le asignan la alcoba de Juana de Arco, donde tendrá que recitar versos de la obra homónima de George Bernard Shaw a sus clientes, a pesar de no saber una palabra de inglés. Resulta especialmente ingenioso el modo en que se emplea la literatura y los libros, objetos físicos del cuenta-cuentos, para dotar a los actos de perversión sexual de un toque de respetabilidad.

La obra de Hajdu, a medio camino entre realidad y fantasía, entre lo intelectual y la incultura, entre educación e instinto, está perfectamente secundada por la espectacular fotografía de Andras Nagy, que incide en los aspectos de la teatralización con unas tomas de hermosa coreografía, que, a través de la distancia, recuerdan a la audiencia que, al fin y al cabo, no están viendo más que un cuento. El último plano de la película, un tanto singular, persigue esta misma idea.
FA 4915

Lynne Ramsay - We Need to Talk About Kevin ( 2011)


‘Tenemos que hablar de Kevin’ (‘We Need to Talk About Kevin’, 2011), el drama de Lynne Ramsayganador en el BFI London Film Festival, que reproduce los hechos extraídos del libro de Lionel Shriver. El Kevin del título es el hijo de los protagonistas, interpretados por Tilda Swinton y John C. Reilly, un niño problemático y difícil desde sus primeros años, que supondrá un desafío para ambos, aunque especialmente para ella, una madre entregada, pero superada, que no será capaz de imaginar hasta dónde puede llegar el mal comportamiento de su hijo.
El aspecto estético está muy cuidado, dando como resultado una espléndida fotografía y una composición de planos que no puede pasar inadvertida. La constante del color rojo –que comienza en España en una fiesta popular retratada como si se tratase de una masacre– sirve a la realizadora como un leit motiv muy relacionado con todos los temas que aborda la cinta: amor, muerte. La inquietante banda sonora de Jonny Greenwood tiñe de dramatismo escenas en las que no habríamos leído tanto contenido. Algunas de las canciones, por ejemplo la famosa ‘Last Christmas’ de Wham, algunas Country o la alegre ‘Everyday’, de Buddy Holly… están escogidas para contrastar, en lugar de enfatizar, los sentimientos de la película o quizá para servir de alivio durante la contemplación de situaciones demasiado exasperantes.

Para muchos espectadores, sobre todo para aquellos a quienes les quede muy lejano el drama de la paternidad, el interés radicará en la interpretación magistral, entregada y completa de Tilda Swinton, una actriz de la que no podemos esperar otra cosa, plena de fuerza y de vulnerabilidad y dotada de un físico que ya está gritando carisma. Los actores que van interpretando a Kevin en sus diferentes edades y que culminan en Ezra Miller, ese ser andrógino de belleza tan extrema como inquietante, interpretan en un registro que empieza a abandonar el realismo del drama para rozar los matices del terror. C. Reilly está perfecto en el papel de una persona egoísta y acomodaticia, que apenas supone nada ni como marido ni como padre. Aunque la presencia del actor es muy reducida en comparación con la de los otros protagonistas, su mínima intervención tiene mucho peso sobre los sucesos.
La decisión narrativa principal que ha tomado la autora se justifica en el propósito de aportar intriga a un relato que se habría limitado a extraer emociones como la indignación o la tristeza. Para ello utiliza el recurso, más habitual en los thrillers, de reservarse hasta el último momento la revelación de unos hechos que ya han ocurrido. Este ardid suele ser ingenioso y estar bien empleado cuando esa falta de información se debe a algo y los propios personajes son quienes van llegando a los descubrimientos. Pero aquí se introduce de forma caprichosa, ya que no obedece a nada, no hay nadie que lo esté conociendo: se nos dosifica solo a nosotros, los espectadores. Por ello, se podría decir que hay algo de tramposo en este paralelo en el que lo más contundente se deja para el final. Lo peor no es la gratuidad de la táctica, sino que lo cierto es que no habría hecho falta, ya que la situación es tan intensa como para valerse por sí sola, renunciando a la intriga y, al mismo tiempo, ese desenlace es fácil de prever.


La maldad puede ser innata
‘Tenemos que hablar de Kevin’ cuestiona esa inocencia innata que se le presupone a cualquier persona y nos viene a decir que lejos de influencias externas, educación, falta de cariño o comprensión, hay personas que pueden ser malas por naturaleza o, al menos, estar trastornadas desde su nacimiento. La película analiza la negación. Ninguna persona quiere creer que su hijo sea así, nadie acepta que un niño pueda albergar maldad. Este autoengaño se produce en ambos progenitores, pero más aún en el padre, a quien el hijo manipula para que crea que es bueno y que todo son imaginaciones de la madre. El marido no llega a dar crédito a su pareja en ningún momento, ni se pone de su parte. No llega siquiera a cuestionar esa posibilidad, ya que es mucho más cómodo aferrarse lo bonito y lo fácil. Esta falta de comprensión o apoyo en el cónyuge, que apenas se recalca, aunque no pueda obviarse, es uno de los más interesantes estudios de la obra.
No nos encontramos ante una crítica hacia la paternidad mal desempeñada o hacia las negligencias parentales. No muestra a una madre que dedica el tiempo a su trabajo, cosa que han hecho siempre los padres y que ahora se cuestiona cuando son las mujeres las que compaginan ambas cosas. El personaje de Swinton se entrega por completo a la educación y crianza, dándolo todo, dejándose la piel, la autoestima y el orgullo, para resultar comprensiva y cariñosa. Queda claro que, teniéndolo todo, el niño ha nacido malo. Mientras la película no acusa a la madre, muestra cómo la sociedad sí lo hace. Si de algo tiene culpa Eva es de no haber sido más severa o más drástica o de precisamente no haber dejado la educación en manos de otras personas, más expertas en ese tipo de problemas.

Al presentar una maldad innata que hasta ahora nunca se había aceptado, ‘Tenemos que hablar de Kevin’, nos recuerda a clásicos del género de miedo, como los que componen la saga de ‘La profecía’, en las que Damien era una encarnación del demonio. No sé si casual o voluntariamente, los niños que ponen rostro a Kevin se dan un aire con el actor que representaba a aquel chaval diabólico. Así, este drama se convierte en una cinta de terror psicológico, que echa manos de recursos del trhiller.
FA 4911

Sergey Makhovikov - Tikhaya Zastava (2011)


Tihaya Zastava es una película que no me dejó con una sensación de tiempo perdido en la mayoría de las otras películas que vi recientemente lo hizo. Es digno de ver, sobre todo teniendo en cuenta la actual guerra contra el terror y el ascenso del fundamentalismo islámico. Trama se basa en sólo después de la desintegración de la Unión Soviética, en 1993. en la ex-URSS, que ahora forma parte de la Federación de Rusia, República de Tagikistan, en la frontera con Afganistán. Puesto fronterizo pequeño es atacado por bandidos locales que están tratando de presentarse como guerreros santos islámicos, mientras que su verdadero objetivo es aterrorizar a la población local y las mujeres de secuestro. .....

FA 4908

sábado, 11 de agosto de 2012

Nadine Labaki - Et maintenant on va où? (2011)


¿Y ahora adónde vamos?

En la desértica vereda que conduce de la villa al cementerio de la misma, un gran grupo de mujeres, todas ellas de luto, aguantan el insoportable calor aferrándose a las fotografías de los familiares que han perdido. Distintas unas de otras, todas comparten el dolor de las consecuencias de una guerra que no lleva a ninguna parte. Una vez allí, se separan dependiendo de las creencias religiosas. Por un lado, los musulmanes, y por otro, los cristianos.

Ambientada en un país devastado por la guerra, la nueva película de la libanesa Nadine Labaki ('Caramel'), '¿Y ahora adónde vamos?', narra la dura vida de estas mujeres. Mujeres de una gran fortaleza, unidas por la tragedia y que tienen un mismo objetivo: proteger a los suyos en un mundo que se derrumba y que necesita de un poco de sentido común para que en él vuelva a reinar la paz. Una película que se alza como una reivindicación de la mujer árabe en la que se mezclan las coreografías musicales y la comedia costumbrista.

¿Y ahora adonde vamos? Aborda la vida cotidiana en un pequeño pueblo libanés donde conviven cristianos y musulmanes en armonía; de hecho, las mujeres son amigas sin importar su condición religiosa. Ellas serán las que intentarán calmar las aguas cuando los hombres empiezan a entrar en una espiral de odio y violencia separatista. Lo maravilloso de esta película es que -cómo los relatos fantásticos- dota a la historia de un halo de irrealidad para así poder llegar al núcleo del tema: conviven, tienen sus diferencias, pero no son insalvables. Con esta premisa se pueden plantear varias preguntas: ¿Es realista? No, es un cuento dulce, con momentos cómicos, absurdos y muy tiernos. Y, al igual que en Caramel, la música ocupa un lugar importante y destacado. ¿es, entonces, moralista? Tampoco. Labaki, construye una historia tierna en un contexto real que a ella le es cercano, como un modo de expresión, siendo consciente de lo complicado de la situación pero dejando margen al Realismo mágico. Puede que no sea una película redonda, pero es de esas películas de las que sales con una sonrisa.
Dos películas para este fin de semana. Vibra en el asiento y usa las zonas inexploradas de tu cerebro. También puedes darle unas vacaciones y primar lo que esta un par de palmos más abajo. En cualquier caso disfruta del cine. Acuérdate de todas las veces que en verano te apetece meterte en una sala fresquita y no hay nada que merezca la pena ver. Aprovecha estos meses que estamos en temporada alta cinematográfica.


FA 4965

Hnos Coen - The Hudsucker Proxy (1994)


El gran salto (The Hudsucker Proxy) - Joel Coen
El gran salto es una extraña película de los hermanos Coen (extraña, incluso, para ser suya) en la que un ingenio Norville Barnes (Tim Robbins) se hace con la compañía Hudsucker tras una jugada de los accionistas, capitaneados por el malvado Sidney J. Mussburger (Paul Newman) para aumentar al máximo sus ganancias. Y la cosa les marcha bien hasta que aparece en escena Amy Archer (Jennifer Jason Leigh) una reportera que quiere meter la nariz hasta el fondo.

Desde el principio mismo, la película llama la atención por su fuerza visual y lo encantador de su narración. Un narrador de voz tranquila contextualiza la situación mientras la cámara se mueve lentamente por las calles de Nueva York en los últimos momentos de 1958. Norville sale de su despecho por la ventana y desde la cornisa mira al suelo. El reloj marca las 12 y se procede a mostrar el pasado de esta historia.

La presentación de un Norville (en el que hay que reconocer que influye muchísimo la labor de un adorable e increíble Tim Robbins, en el mismo año que haría Cadena Perpetua, ¡qué gran año 1994 para este hombre!) resulta tremendamente trágica y cómica a la vez, aunque muy de cuenta, muy benigna. Y es que Tim consigue pasar de caracterizar a un personaje soñador, con cara de ilusionado, de persona con una idea —la del hula hoop, de hecho—, de tipo ilusionado con el futuro que se siente avasallado por los gritos y las órdenes que le dan de malas maneras; a un hombre directo que debe gobernar la nave millonaria que es Hudsucker para llevarla al mejor puerto posible, que se deshumaniza y se agria. ¡Qué gran actor!

Los escenarios, los movimientos de los actores y de las cámaras, el ambiente, el tono —casi tan exagerado como los personajes, realzados por el carisma de Amy y por el brutal contraste entre Norville y el infame y odioso Mussburger, que es casi un villano de opereta— en que se cuenta la historia, la música ominosa, sobrecargada y con fuertes contraste en sonido y, de vez en cuando, en volumen; los largos silencios y los comentarios extrañamente humorísticos —muy del estilo de los Coen, por cierto—enfatizan el toque teatral, convirtiendo la película en una exagerada fábula que renuncia a muchas cosas para mantener su apariencia amable y bonita.

Y es que, como acostumbran estos tipos, la fotografía, la dirección de actores y los escenarios (aunque en mi mente tienden más a los paisajes increíbles que a los grandes escenarios cerrados)  resultan casi apabullantes. La estética está muy marcada y sumerge al espectador en unas aguas de color, por momentos, broncesteampunk, pero originales, cautivadoras y oníricos sin excepción. Para muestra, el despacho de Mussburger (con parte del gran reloj exterior de fondo) o la del interior del mecanismo, que guarda en su seno algunas de las escenas más raras de la película...

También es interesante ver cómo, de una forma un poco pesimista, el poder acaba corrompiendo incluso al inocente Norville, convirtiéndolo en uno más, en un directivo tirano y engreído que necesita una voz firme y un guantazo que lo devuelvan al suelo.

Y, por si fuera poco, cuenta con la participación, breve, de un común recurso de los Coen, el grandísimo actor neoyorquino Steve Buscemi; y, según veo en IMDB, también con la de Jim True-Frost, Prez en The Wire, aunque, la verdad, es que ni siquiera recuerdo quién puede ser aquí.

Nota: 9. Una de las películas más divertidas y cautivadoras que he visto, con una música y un reparto perfectos en todo momento. Supongo que la peli mereció mucho más, pero apareció el mismo año que Pulp Fiction, Cadena Perpetua, Forrest Gump y El Rey León, no debió de ser un año fácil.


FA 4961

Antti-Jussi Annila - Filth (2008)


Sauna

Prometedor trailer deSauna (2008), una coproducción entreFinlandia y Republica Checa dirigida por Antti-Jussi Annila. La película cuenta la historia de los hermanos Eerik y Knut, oficiales encargados de proteger la frontera divisoria entre Rusia y Finlandia. Una vez finalizada la guerra, estos dos hermanos cometeran el terrible pecado de abandonar a una niña en pleno bosque, cuyo espíritu retornara para llevar a cabo su venganza, una vez que los culpables encuentren lugar en un remoto pueblo donde según cuentan podrán lavar sus pecados. Sauna ha sido estrenada en cines en el mes de Octubre del año pasado, compitiendo en varios festivales como el de San Sebastián, el Sitges español y elToronto International Film Festival (TIFF'08), recogiendo buenas criticas y postulándose de esta manera como uno de los films a tener en cuenta dentro del fantástico como una película de horror, al parecer muy prometedora.

FA 4960

William Friedkin - To live and die in L.A. (1985)


Vivir y morir en los Ángeles: nunca llueve en California
A mediados de los 80, William Friedkin había malgastado todo el crédito conseguido con "El exorcista" y "French Connection". El director había sido considerado una las grandes "esperanzas blancas" del cine, junto a los chicos de la escuela de L.A: Coppola,Lucas, Millius...,pero encadenó una serie de fracasos que la había relegado casi a la serie B, especialmente con "Sorcerer", una costosísima y fallida versión de "El salario del miedo", y con "A la caza", un polémico thriller protagonizado por Al Pacino, ambientado en los ambientes homosexuales más escabrosos.

Sin embargo, en 1985, Friedkin consiguió una película que, a pesar del fracaso inicial, ha conseguido con los años un estatus de film de culto, y que puede considerarse la última de sus obras con cierta garra y empuje -visto lo acomodaticio y comercial de sus últimas propuestas, como "Jade", "Reglas de compromiso" o "Hunted". Se trata de "Vivir y morir en los Ángeles", protagonizada por William L. Petersen (sí, "Gil Grissom") y un jovencísimo y por entonces desconocido Willem Dafoe, antes del éxito de "Platoon".

En EE.UU, un país donde coexisten -e incluso compiten- multitud de organismos de seguridad (DEA, FBI,Departamento de Aduanas, Oficina de alcohol tabaco y armas) el Servicio Secreto se ocupa, como misión principal, de la protección del presidente de los USA, pero también de la persecución de los falsificadores de moneda.Chance (W.L. Petersen) y Hart (Michael Greene) son dos agentes de muy diferente temperamento. Chance, el más joven es amante del riesgo, violento e impulsivo, mientras que Hart, mucho más mayor que éste procura atemperar los ánimos de su joven compañero.

Justo antes de su jubilación, Hart es asesinado por Masters, un falsificador de moneda al que estaba investigando. Chance será incapaz de asimilar su pérdida y desde entonces su único objetivo será apresar o matar a Masters. Ante los ojos de Vukovich, su nuevo compañero, emprende una senda suicida marcada por la autodestrucción moral y profesional en la que todo vale con el fin de conseguir su objetivo: la violencia más irracional, el chantaje, los abusos físicos y psicológicos. El propio Vukovich se ve inmerso, sin poder evitarlo, en la desenfrenada carrera de Chance, que llegará a su extremo cuando ambos agentes asesinen, por accidente, a un agente del FBI, con el fin de robarle una fuerte suma que les permita concertar una reunión y trato con Masters.

Estamos acostumbrados a ver, en películas de argumento parecido -"Harry el sucio", "Los intocables"- como el agente de la Ley se salta ésta con el fin de proteger a la sociedad, aún en contra de los deseos de esta (=fascismo). Pero en este caso, Chance ha llegado a un punto en que ha dejado de ser un agente de la Ley; su único pensamiento es la pura y simple venganza, de una manera obsesiva y total, y la Ley no es más que un estorbo... o una ayuda, en forma de placa, para extorsionar, chantajear y saltarse las convenciones morales cuando le es necesario. Chance termina siendo un individuo, a su modo, mucho peor que Masters; este, al fin y al cabo, es un artista que decidió convertirse en falsificador ante la posibilidad del dinero fácil y, sí, es un asesino, pero lo hace para proteger su libertad y su negocio; él vive y actúa de acuerdo con la vida que ha elegido, mientras que Chance ha decidido traicionar todo lo que ha defendido para paliar su sed de venganza.

La postura de Vukovich (soberbio John Pankhow) es, por otra, mucho más realista de la que podíamos ver en el personaje de Ethan Hawke en la reciente "Training Day": al principio es algo reticente con los métodos de su compañero, pero finalmente, y por no delatar a su compañero (el hombre que debe cubrirle la espaldas en caso de peligro), se verá involucrado en un asesinato,
sin posibilidad de confesarlo sin acudir a la cárcel.

La dirección de Friedkin, pese a lo atractivo del argumento y de los personajes, es mucho más irregular de lo que debería. Por una parte, el director sigue siendo un maestro en el rodaje de persecuciones automovilísticas; pero por desgracia, y seguramente en un intento de adaptarse a las modas del momento, dota a muchas escenas de un look "MTV" -el ritmo de la narración es llevado por la música-, lo cual provoca un ritmo irregular en toda la película.

No hace demasiado , Jose Luis Refoyo REFO y servidor discutían, a propósito de un post del magnífico blogero salmantino sobre "El exorcista", sobre las virtudes y defectos de "Vivir y morir...". REFO criticaba cierto look televisivo y el exceso de detalles demasiado coyunturales -el mencionado ritmo MTV, el look estilo 80s, etc. Si bien no puedo por menos que darle la razón en muchas de sus críticas, pienso que el buen trabajo de los actores (según Scorsese fué el trabajo de Dafoe en este filme y no en Platoon el que le movió a otorgarle el papel protagonista de "La última tentación de Cristo") y ciertas escenas de acción la redimen en gran parte sus fallos. Por no hablar de la ambiguedad moral que destilan todos sus protagonistas -y el propio final de la película-.

Tal vez una de las causas del fracaso en taquilla del film fuera el no contar con estrellas reconocibles en ese momento -prueba de las ciertas estrecheces que Friedkin debía sufrir ya. Pero también debemos recordar que el policíaco a mediados de los 80 estaba marcado por la larga sombra de "Superdetective en Hollywood" y "Arma Letal". El público estaba acostumbrado a la "buddy movie" dominada por la comedia, tanto o más que por la acción. Un filme como el de Friedkin, nada complaciente con los gustos del Hollywood imperante , tenía pocas o ninguna posibilidad de triunfar en taquilla. Sin embargo, el tiempo ha colocado al film en su lugar, y goza, pese al desconocimiento general, de una buena apreciación entre una gran parte de la crítica y aficionados al cine negro poco complacientes con "Tarantinadas" intrascendentes.
John Constantine
FA 4959

John Boorman - Deliverance (1972)


Deliverance: viaje a la América Profunda

Hay varias formas de disfrutar Deliverance. Se puede apreciar el film como un espectacular y tenso thrillerde acción y terror al uso, con sus protagonistas acosados por un peligroso cazador que busca venganza. Sea como fuere, lo que es innegable es que la película de John Boorman ya se ha convertido en un clásico del cine. Sumerjámonos en ella. Sumerjámonos en la América Profunda.
Lewis Medlock (Burt Reynolds) es un joven empresario de Atlanta que disfruta de las excursiones campestres, donde da rienda suelta a sus masculinos instintos de aventura y supervivencia. Cuando la mayor parte del valle del río Cahulawasse, que fluye revoltoso bajo las montañas de los Apalaches, va a ser sepultado por un lago artificial, decide organizar un descenso por su curso con tres amigos: Ed Gentry (Jon Voight), Drew Ballinger (Ronny Cox) y Bobby Trippe (Ned Beatty), que si bien no gozan del contacto con la naturaleza tanto como él, se deleitan con triviales divertimentos "exóticos" como el sorteo de peligrosos rápidos o la pesca al aire libre. Pero el segundo día de excursión se separan, y cuando Ed y Bobby se acercan a una orilla para solicitar ayuda a unos ariscos lugareños, éstos, sin prácticamente mediar palabra, retienen al primero violentamente y le obligan a presenciar cómo violan con brutalidad al segundo. Por suerte, Lewis aparece con su arco y de un certero disparo en el pecho de uno de los rednecks zanja la cuestión. A partir de aquí, los cuatro chicos de ciudad se verán envueltos en una pesadilla en la que deberán centrar sus esfuerzos en seguir vivos y planear la defensa que da nombre a la película.
Hay varias formas de disfrutar Deliverance (John Boorman, 1972). Se puede apreciar el film como un espectacular y tenso thriller de acción y terror al uso, con sus protagonistas acosados por un peligroso cazador que busca venganza. En este caso, lo mejor es relajarse ­en la medida de lo posible- y dejarse llevar por la aventura de supervivencia que viven Reynolds y compañía. Las Apalaches regalan un marco incomparable a la acción, y el salvaje río, preñado de mortales rocas de afilados contornos, incomoda tanto al espectador como a los propios personajes por su violencia y atroz eco salvaje. Pero por otra parte, la película tiene una fuerte carga simbólica. El hipervitaminado Lewis Medlock organiza la excursión como parte de su obsesión con la lucha del hombre con la naturaleza, furioso por la acción industrial en la zona. Todo ese hermoso marco natural va a desaparecer, y eso es indignante; hay que disfrutar una última vez, antes de que el futuro sepulte al pasado. La eterna dicotomía ciudad-campo y progreso-tradición encuentra aquí una visceral expresión. En este caso, la película se convierte en un cuadro de emociones y sentimientos, agradables al principio pero aterradores a partir de la violación del personaje de Beatty, que acontece sin preámbulos ni avisos. Esta manera de verla encuentra su mejor expresión en la interpretación de Jon Voight como Ed Gentry, cuyos ojos reflejan de manera increíble todo lo que sucede, desde la diversión al pavor y la desolación final, cuando todo acaba y la situación es irreversible. Todos se han enfrentado a sus miedos, se han puesto a prueba en una situación extrema, y el resultado ha sido terrible. Sea cual sea el prisma bajo el que el espectador se siente a ver la película, en ninguna medida aliviará la carga de tensión que refleja cada minuto del metraje, inquietud subrayada hasta la exasperación por el manso ritmo narrativo que Boorman mantiene durante todo el film, una tranquilidad inalterable y desquiciante tanto en los momentos más plácidos como en los más brutales.

Supervivientes
Cuando llegan al idílico lugar de acampada, los cuatro colegas mantienen esa actitud cosmopolita de superioridad frente a las gentes de campo. Sin ningún tipo de maldad, hay que reseñar. Desoyen las advertencias de los lugareños acerca de la peligrosidad del río, alardeando de sus más que sobradas aptitudes para afrontar la aventura. Lo típico. En este primer contacto con los habitantes del bosque se produce una de las escenas más recordadas: el inolvidable duelo de banjos entre Drew y el extraño niño albino (Billy Redden), secuencia en la que es más que destacable la capacidad del actor Ronny Cox, en su primer papel cinematográfico, de reflejar con su rostro el auténtico disfrute de la situación, auténticamentehillbilly. La unión de los dos universos, totalmente distintos, es perfecta, unos y otros participan de la situación bailando, aplaudiendo, silbando. Este dominio de las circunstancias hace que el cuarteto se crezca aún más: si estamos a la altura incluso en los aspectos más folclóricos de esta gente, ¿qué problema puede haber? Pero el pequeño muchacho abandona el dueto repentinamente Es parte del aura premonitoria que rodea a los protagonistas, un ambiente en el que abundan los sutiles mensajes, intuidos pero palpables, de que algo malo va a suceder. Y, en ciertos momentos, da la impresión de que lo saben, de que participan de ello con resignación, dispuestos a acatar cualquier cosa que pase.
Cuando inician el descenso por el río, la personalidad de los cuatro personajes se va definiendo. Lewis es el jefe natural de la banda, fuerte, de pecho peludo y aguerrida actitud, capaz de lanzar flechas con precisión y pescar y cazar como un auténtico superviviente. A lo largo de toda la trama diserta continuamente sobre la naturaleza, la lucha, el instinto animal, se jacta de conocer un medio en el que se desenvuelve con aparente soltura. Pero algo no encaja del todo; en una ocasión, Drew dirá de él que "ha estudiado el bosque, pero no lo siente. Quiere fundirse con la naturaleza, pero no lo consigue". Y es cierto.
Ed es, de alguna forma, el mejor compañero de batalla; es en el que más confía, cuya compañía le es más placentera -en este sentido, su relación similar a la que mantienen Robert DeNiro y Christopher Walken en El Cazador (The deer hunter, Michael Cimino, 1978)-. Tendrá una prueba personal al enfrentarse a un ciervo en el bosque, cuando todos duermen: no podrá matarlo, y su rostro será reflejo del temor que le causa el provocar daño a otro ser vivo, miedo que habrá de abandonar más adelante de forma radical.
En cuanto a Bobby y Drew, ni siquiera se plantean la situación de forma tan vital. Para ellos, este fin de semana han cambiado el golf por una pequeña e insignificante aventura. Drew es un tipo afable, simpático, un tanto bobalicón incluso. Y Bobby se lleva la peor parte. La violación es, sencillamente, salvaje: obligado a desnudarse, es perseguido y sodomizado por uno de lo lugareños, que le obliga a chillar como un cerdo mientras su amigo desdentado contempla la escena y ríe histéricamente. Cuando Lewis y su arco entran en acción, el paleto sin dientes huye y nuestros chicos se quedan observando, aturdidos y en silencio, cómo el violador agoniza, exhala su último aliento y muere. Y durante toda la secuencia, ni una sola nota musical, tan sólo los sonidos del bosque. Al decidir enterrarlo, la presa que sepultará el tan apreciado entorno se llevará el terrible secreto, salvando sus futuros.
Por todo ello el giro de la acción es tan bestial. La actitud de todos cambia, su papel en la obra da un vuelco. Obviamente, Lewis debería defender al grupo, guiarlos a la salvación. Pero en la huida, cuando vuelcan las canoas, se rompe una pierna: se ha convertido en una carga para todos, es un bulto inútil. Bobby ha sido violado, su mente está en otra parte, traumatizado. Y es físicamente el menos ágil de los cuatro, orondo y poco hábil. Drew es la voz de la razón, partidario de acudir a la policía y confesar lo que ha pasado; pero Lewis ha matado a uno de los violadores y todos lo han enterrado, un hecho que puede arruinar sus vidas. En el accidente con las canoas, Drew sale disparado y muere horriblemente, su cuerpo roto contra unos troncos flotantes ironías del destino, la oportunidad y la desgracia se unen en la tragedia. Allí mismo hunden su cuerpo, abandonado para ser comido por los peces. ¿Quién queda? Ed, sólo él. Tendrá que salir a buscar al que les acecha, llevar esta espantosa situación a una solución feliz. Y cumple: encuentra a su presa, se arma de valor y dispara, alcanzando su cuello de un flechazo. Bobby grita, alborozado, al ver el cadáver:
-"¡Lo has hecho, Ed! ¡Lo has matado! Pero ¿es él?"
-"Creo que sí"
Al regresar por fin al pueblo, tienen que explicar lo sucedido. Su amigo Drew ha muerto en un accidente fluvial, al no llevar el chaleco salvavidas. Es difícil que la policía encuentre el cadáver, sobre todo ahora que van a construir la presa que lo inundará todo, a pesar de la tenacidad del sheriff Bullard (James Dickey, autor de la novela en que se basa la película), que desconfía de la versión de estos señoritos de ciudad. Los días que pasan aquí, a la espera de que Lewis reciba el alta del hospital, asemejan en su aspecto y actitud veteranos de guerra, traumatizados, decrépitos, llorosos y magullados, vestidos todos con ropas idénticas, prestadas por los ancianos que les acogen. Solamente Bobby parece disfrutar de esta hospitalidad, sin duda un falso placebo con el que trata de engañar a su cerebro; prueba de ello es la insustancial conversación durante la cena. Ed, por su parte, no puede olvidar nada de lo acontecido, teniendo que encargarse, además, de dar la mala noticia a la viuda de Drew y sus hijos. Pero tienen que seguir con sus vidas
En un plano final tan alarmante como premonitorio, la mano de Drew emerge del fondo del nuevo lago. Es una pesadilla de Ed, sólo una pesadillaLos títulos de crédito dan por finalizada la película. Ni un ápice de humor. Fin.

Cowboys de ciudad
Esta metáfora sobre la inutilidad de las convenciones y estructuras sociales frente los instintos primarios optó a tres Oscars en 1972: mejor película, dirección y edición. No ganó ninguno, porque era el año de El Padrino (The stepfather) de Coppola, que le arrebató el primero, y, sobre todo, del Cabaret de Bob Fosse, que se llevó los otros dos -y seis más-. Más allá, cabe destacar el fabuloso trabajo tras las cámaras del operador Vilmos Zsigmond, en buena medida responsable de que la película soporte de forma estupenda el paso del tiempo. Salvo algunos problemas de iluminación en determinadas escenas ­las condiciones de rodaje fueron complicadas-, las imágenes reflejan la belleza del entorno y la brutalidad de la situación a partes iguales, grabando en el recuerdo del espectador buena parte de lo que acontece. Desde el ya citado dueto musical inicial al plano final, no se abandona fácilmente el recuerdo de la violación, a medio camino entre lo intuido y lo brutalmente gráfico y que marcó a un joven Tarantino hasta el punto de reproducirla en las carnes de Ving Rhames en su Pulp Fiction (1994). El cuerpo roto de Cox, los descensos por el río, el accidente con el arco de Voight y su accidentada escalada por la roca un buen puñado de recuerdos grabados a fuego en el cerebro de los aficionados gracias al trabajo del tándem Boorman/Zsigmond; no en vano, el maestro húngaro trabajó, en esos mismos años, en títulos clave como Encuentros en la tercera fase (Close encounters on the Third Kind, Steven Spielberg, 1977) o la ya mencionada El cazador.
Lo que es evidente es la influencia que ha tenido en los años posteriores, hasta hoy mismo; sin ir más lejos, en la comedia escatológica de 2004 De perdidos al río(Without a paddle, Steven Brill), el mismo Burt Reynolds parodia su papel en la película. Títulos como Cabin Fever (Eli Roth, 2003) o Big Fish (Tim Burton, 2003), por ejemplo, homenajean en algún sentido el clásico, e incluso Luis Mandoki reconoce haber aceptado dirigir Atrapada (Trapped, 2002) porque el guión le recordó a sus dos películas favoritas: Perros de paja (Straw dogs, Sam Peckinpah, 1971) y la propia Deliverance. Viendo la trayectoria del realizador no se nota nada, la verdad. Más allá del cine, la influencia de este éxito fue tal que durante los años siguientes a su estreno treinta personas murieron ahogadas intentando cruzar el tramo del río donde la película fue rodada.
En principio el director elegido había sido el propio Peckinpah, maestro de la acción y la violencia, pero los derechos de la novela fueron adquiridos por el inglés John Boorman, que venía de dirigir dos películas con Lee Marvin como protagonista, A quemarropa (Point Blank, 1967) e Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific, 1968). Inconformista a lo largo de toda su filmografía, se ha ganado el respeto de cierta parte de la crítica y el público, que disfrutan de sus historias en las que personajes corrientes se ven envueltos en aventuras épicas que les pondrán a prueba enfrentándose a grandes desafíos vitales. Títulos como Zardoz (1973), El exorcista II: el hereje (The exorcist II: the heretic, 1977), Excalibur (1981), La selva esmeralda (The emerald forest, 1985), Esperanza y gloria (Hope and glory, 1987) oEl general (The general, 1998), entre otros, figuran su haber. En principio Boorman quería que Jack Nicholson interpretara el papel de Ed, a lo que el actor accedió si su amigo Marlon Brando se metía en la piel del aguerrido Lewis. Pero los honorarios de ambos ascendían a un millón de dólares de la época, la mitad del presupuesto.
El reparto quedó definitivamente encabezado por Burt Reynolds, unos de los iconos por antonomasia del cine moderno que tiene en el de Lewis Medlock uno de los mejores papeles de su carrera. Orson Welles dijo una vez que "él éxito es Burt Reynolds", y no sin razón; desde mediada década de los setenta, era cierto que su nombre era sinónimo de triunfo en el cine americano del momento: Sam Whiskey(Arnold Laven, 1969), El rompehuesos (The longest Yard, Robert Aldrich, 1974), Los caraduras (Smokey and the Bandit, Hal Needham, 1976), Los locos del Cannonball(The Cannonball Run, Hal Needham, 1981), Ciudad muy caliente (City Heat, Richard Benjamin, 1984), son algunos ejemplos de su más que extensa filmografía. La década de los noventa no se le dio muy bien hasta que Striptease (Andrew Bergman, 1996), vehículo de lucimiento para las operaciones estéticas de Demi Moore, le recordó a la industria que aún existía. Paul Thomas Anderson contó con él para su exitosa Boggie Nights (1997), que le valió una candidatura al Oscar, gracias a lo que su carrera se ha visto relativamente relanzada aunque siga protagonizando castañazos como Driven (Renny Harlin, 2001).
Jon Voight, por su parte, no ha tenido ningún problema en mantenerse como actor de prestigio desde que comenzara su carrera en 1967 con El intrépido Frank(Fearless Frank, Phillip Kaufman). En su segunda película tuvo la suerte de conseguir el papel por el que a la larga sería más recordado, el gigoló sensible deCowboy de medianoche (Midnight cowboy, John Schlesinger, 1969). Fue nominado al Oscar por su interpretación, galardón que logró nueve años más tarde gracias aEl regreso (Coming home, Hal Ashby, 1978); en 1985 volvió a ser nominado por El tren del infierno (Runaway train), de Andrei Konchalovsky. Tras cabalgar entre las causas sociales y el cine durante los últimos veinte años, hoy se ha convertido en uno de esos actores que sirven para engrandecer producciones al incluir su nombre en los créditos: Anaconda (Luis Llosa, 1997), Se busca (Most Wanted, David Hogan, 1997), Enemigo público (Enemy of the State, Tony Scott, 1998), Pearl Harbor(Michael Bay, 2001) o Tomb Raider (Simon West, 2001).
Ronny Cox y Ned Beatty entraron por la puerta grande del séptimo arte con esta película, aunque no han alcanzado la relevancia de sus otros dos compañeros de reparto, manteniéndose en un discreto segundo plano a lo largo de sus carreras. A Cox se le reconoce, más allá de su papel de policía honesto en Superdetective en Hollywood (Beverly Hills Cop, Martin Brest, 1984) por ser el villano de dos de los títulos de la filmografía del irreductible Paul Verhoeven: Dick Jones, dueño de la O.C.P. en Robocop (1987) y el tiránico Cohaagen de Desafío total (Total Recall, 1990). Ned Beatty es otro de esos rostros que todo el mundo reconoce pero cuyo nombre nadie recuerda; con una extensa filmografía a sus espaldas, destacar títulos como Todos los hombres del presidente (All the president´s men, Alan J. Pakula, 1976), Superman (Richard Donner, 1978), 1941 (Steven Spielberg, 1979),El cuarto protocolo (The fourth protocol, John McKenzie, 1987), Causa justa (Just cause, Arne Glimcher, 1995) o Condenados a fugarse (Life, Ted demme, 1999).
También hay que hacer una mención especial a Bill McKinney, habitual de las películas gamberras de Clint Eastwood de finales de los 70 y principios de los 80, y a Herbert 'Cowboy' Coward, perfectos como los rednecks atacantes. Coward fue propuesto por Burt Reynolds, que había trabajado con él en un espectáculo de indios y vaqueros en Carolina del Norte. Y no menos apropiado está Billy Redden como el chico del "duelo de banjos", aunque al no saber cómo resultar convincente tocando el instrumento, otro muchacho estaba situado tras la silla, siendo sus manos las que vemos interpretar la melodía. Además, a Redden le agradaba enormemente Ronny Cox, así que al final de la escena, cuando el chico tenía que apartar la mirada, le resultaba imposible hacerlo por el aprecio que sentía hacia el actor; la solución fue acercar hacia ellos a Ned Beatty, a quien no podía ni ver, logrando un efecto absolutamente espontáneo. Al finalizar el rodaje, estuvo trabajando un tiempo organizando tours por la zona para turistas; cuando Tim Burton lo descubrió lavando platos en Georgia, no dudó en ficharlo para realizar un cameo en su Big Fish.
Se rodó un final alternativo, que mostraba a Lewis ­con una muleta-, Bobby y Ed en compañía del sheriff de nuevo en el pueblo tiempo después. El policía les mostraba un cadáver encontrado en el río, pero el espectador no podía comprobar si era el de Drew o el de alguno de los asaltantes. Este papel no acreditado lo "interpretó" el hijo de James Dickey, Christopher. Como anécdota final, señalar que para reducir gastos ninguna aseguradora se hizo cargo de la película, y los propios actores se encargaron de las escenas más peligrosas. Sin riesgos, no hay emoción.

José Arce Bernal (Madrid. España)

FA 4958

Alexei Popogrebsky - Kak ya provyol etim letom (2010)


Cómo terminé este verano

 La película 'Cómo terminé este verano', del director ruso Alexei Popogrebsky, que relata el conflicto entre dos miembros de una estación polar en una isla perdida en el Océano Ártico, fue proyectada este miércoles en concurso por el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín.

La tarea de esos dos hombres, Sergei (Sergei Puspepalis), un meteorólogo cincuentón de carácter áspero y de su joven colega Pavel (Grigory Dobrygin) es medir a determinadas horas la dirección del viento, la temperatura del aire y datos concernientes a la radiactividad de los alrededores y enviarlos a su base mediante la radio, su único puente con el mundo exterior.
Para Sergei su trabajo se ha vuelto ya una rutina. Durante años ha trabajado en una gran soledad. Su colega Pavel ha sido enviado a la estación meteorológica únicamente por el verano. Los dos hombres tienen poco en común.
Un día Sergei deja a su joven colega a cargo de la estación para ir a pescar truchas, pero el inexperto Pavel falla en la recolección de los datos y falsifica los registros para cubrirse. Y lo que es peor, cuando hay una noticia terrible para comunicar a Sergei desde su base, Pavel es incapaz de comunicarla.
Cuando la terrible verdad finalmente sale a flote producirá graves consecuencias en ese desolado lugar envuelto en la niebla, azotado por las olas del Mar Ártico.
La película fue filmada durante tres meses en Chukotka, el lugar más distante del lejano oriente ruso, un lugar considerado casi el fin del mundo por los rusos, en una verdadera estación meteorológica. Para llegar allá desde la ciudad más cercana se necesita abrirse camino durante cinco horas en un tractor de oruga a través de la tundra, ya que no hay caminos.
"Los orígenes de esta película están en mi fascinación desde niño por los diarios de los exploradores. Para redactar el guión consulté a geógrafos de la Universidad de Moscú. Me inspiró mucho también 'Solaris', la película de Tarkovsky. Filmamos en una de las estaciones polares más antiguas de Rusia", declaró Popogrebsky, director moscovita de 38 años que se dio a conocer internacionalmente en 2007 por su película 'Las cosas simples'.
"Cerca de la estación polar había una estación radar militar rusa que espiaba a los aviones portadores de misiles que venían de Alaska. Algo de eso se ve en el filme. Me interesaba mostrar cómo se comportan los hombres en un entorno tan hostil. Puedo decir que las condiciones de rodaje fueron extremas, aunque nos acostumbramos a ello", añadió.
"Desde siempre me ha fascinado la habilidad para acomodarnos con nociones de tiempo y espacio drásticamente diferentes de nuestra común escala de horas o minutos o de bloques y estaciones del metro", declaró Popogrebsky.
"Mi película es esencialmente la historia de dos escalas personales e incompatibles de tiempo y espacio. Cuando le propuse a Sergei Puskepalis el papel tuve la sorpresa de saber que él había vivido cerca durante su infancia", dijo.
FA 4957

Vittorio De Sica - Il giardino dei Finzi Contini (1970)


El jardín de los Finzi Contini (Vittorio De Sica)

[Il giardino dei Finzi Contini, 1970, Vittorio De Sica]

Es curioso como en cine hay que temas, quizás por repetición, parecen provocar un cierto rechazo a veces casi instantáneo. Así sucede con el nazismo y el Holocausto, seguramente el ejemplo más sangrante; particularmente a mí me suele dar un poco de pereza ver una película dedicada a ello si el enfoque no tiene ningún aporte de originalidad. Este es el caso de "El jardín de los Finzi Contini", un afectado romance de trasfondo histórico teñido de solemnidad y seriedad. A pesar de que fue galardonada con el Oscar a mejor película extranjera y el Oso de Oro en Berlín, su perduración en el tiempo ha sido más bien discreta. Entre otras cosas, por el hecho de que Vittorio De Sica, eminente maestro del neorrealismo, es mucho mejor recordado por otros filmes, y de hecho “El jardín de los Finzi Contini” tiene aspecto de encargo (es una adaptación de un novelón de Giorgio Bassani) y fue realizado en una época de declive para De Sica.

En la ciudad norteña de Ferrara habitan diversas familias judías adineradas, entre ellas los Finzi Contini. La película retrata el auge del fascismo en los albores de la guerra y cómo repercute en los derechos y posición social de los judíos, además de personalmente en los protagonistas. Principalmente dos: Giorgio y Micòl, la hija de los Finzi Contini. En esa turbulenta atmósfera se desarrolla la relación entre ambos jóvenes y algún que otro amigo más.

“El jardín de los Finzi Contini” no es mala película, pero se queda a las puertas de ser una buena. O sea, de destacar, de sorprender, de enganchar, de proporcionar esa originalidad que mencionaba. Su academicismo echa mucho para atrás, todo en ella es bastante predecible y con regusto a conocido, desde la evolución del romance entre Giorgio y Micòl hasta escenas muy concretas, particularmente las que ofrecen esas mini-lecciones de historia sobre el impacto del fascismo (ej: cuando a Giorgio le echan de la biblioteca o a su familia no se le permite tener doncella por ser judíos). Toca decir aquello de que es una película con esqueleto de telefilme, sobre el que hay que poner mucha carne para intentar elevarla. Y hay que decir que De Sica se esfuerza mucho y lo consigue.


Efectivamente, "El jardín de los Finzi Contini" (que pese a todo se deja ver muy bien) cuenta con dos inestimables aportaciones. La primera es la del director de fotografía Ennio Guarnieri, con quien De Sica filma las imágenes envueltas en un aura un tanto irreal, casi mágica, impregnadas de una borrosa neblina e iluminadas por una luz blanquecina y brillante que rescata un poco de personalidad propia para la película. La de la hermosísima Dominique Sanda que da vida a Micòl es la segunda y más importante colaboración y el motivo por el que quería escribir esta entrada (más bien, publicar las imágenes). Su rostro celestial es perfecto para el "mood" triste y bello con el que De Sica rueda en las calles, los salones y los jardines de Ferrara, y aunque quizás es un poco atrevido, un ejemplo de cómo la presencia y los primeros planos de una actriz pueden insuflar tanta sangre al celuloide. "El jardín de los Finzi Contini" es una de esas películas para ver una vez, a pesar de alguna secuencia inusitadamente brillante (las llamadas telefónicas anónimas a la casa de Giorgio mientras la familia canta reunida a la mesa)... salvo, tal vez, por el irresistible sol ardiente que es Dominique Sanda. A ella va dedicado el artículo.

FA 4970

Philippe Agostini - Raymond Leopold Bruckberger - Les dialogues des carmelites (1960)


El Diálogo de las Carmelitas

Versión dual francés-español sin subtítulos

Reparto: Jeanne Moreau, Alida Valli, Madeleine Renaud, Pascale Audret, Pierre Brasseur, Jean-Louis Barrault, Anne Doat

Blanche de la Force es una joven que ingresa en el Carmelo durante la convulsa época de la Revolución Francesa. Su padre le presiona para que deje el convento, pero es la amenaza que se cierne sobre su congregación por parte de los revolucionarios, lo que le causa más temor. El lema de la Revolución, “igualdad, libertad, fraternidad”, excluye a los miembros de la Iglesia Católica, entre los que están ellas, consideradas fanáticas y contrarias a la República. Si quieren salvar su vida tendrán que renunciar a sus votos monásticos.

La película recrea los acontecimientos reales sucedidos en el convento de Compiègne en 1794. Adapta una obra de teatro -del mismo nombre de la película- escrita por George Bernarnos que, a su vez, se inspiró en la pieza La última del cadalso de Gertrud Von Le Fort.


Tratamiento de la fe cristiana
Diálogo de carmelitas muestra la sencillez de un grupo de religiosas de clausura de la orden de Carmelitas Descalzas. Su vida de oración, sus tareas, sus normas de convivencia y la obediencia a su superiora, conforman el día a día de la vida del convento.

“¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?” (Rm 8,35). La firmeza de la fe frente a la tribulación de las religiosas del convento de Compiègne, responde a la pregunta que formula San Pablo en la Carta a los Romanos y corrobora su afirmación de que nada “podrá separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8,39)
FA 4969

Patrice Leconte - Ridicule (1996)


Auténticamente francesa, esta película de Patrice Leconte es un fastuoso recorrido por la corte francesa del rey Luis XVI. Todo se centra en un joven aristócrata que llega desde una provincia a la majestuosa París. Allí se dará cuenta de que lo único que importa es la apariencia externa y sobre todo el deslumbramiento a través de la palabra y de sus agudas y divertidas réplicas, cuantas más mejor. Todo allí se limita a una lucha de ingenio para conseguir los favores reales, mientras que los menos duchos en este juego superficial sólo quedarán como eternos objetos del ridículo.
 
Comedia satírica donde las haya, esta película goza de una ambientación maravillosa y un guión magníficamente diseñado por Rémi Waterhouse. Entre sus méritos cuenta con la selección en el Festival de Cannes en 1996 y su nominación al Oscar como Mejor Película Extranjera. Una delicia.
FA 4968

Fons Rademakers - Dorp aan de rivier (1958)


PUEBLO EN EL RÍO

Cis el sordo, el mejor contador de historia de un pueblo a orillas del Meune comienza a recordar la historia del doctor Van Taeke, un particular médico recordado con cariño por la gente del lugar, y varios e importantes sucesos relacionados con éste y la comunidad...

Continuando el ciclo junto a eurídice les presentamos la película Dorp aan de rivier, estrenada el año 1958 y dirigida por Fons Rademakers.

Dorp aan de rivier es la ópera prima del padre del cine Holandés, Fons Rademakers. La película fue bien recibida por la crítica y le auguró un futuro promisorio en el mundo del cine. A diferencia de la mayor parte de su obra, donde la dirección está bastante influenciada por el movimiento de la nueva ola francesa, Dorp aan de rivier goza de una dirección clásica, influenciada posiblemente por la obra de Renoir y De Sica, de quienes fue ayudante y aprendió el oficio. La película se basa en una obra del escritor Holandés Antoon Coolen y cuenta con la maravillosa fotografía en blanco y negro de Eddy van der Enden.

Narrada en un tono nostálgico, constiuye la película un drama atravezado por inteligentes instantes de humor y por incluir un buen número de historias anexas que agilizan el relato, pero siempre articuladas en base a la historia del doctor Van Taeke, quien constituye la columna vertebral de la obra. De esta forma el relato principal nos mostrará al doctor Van Taeke en la díficil tarea de ser un médico rural, con todo lo que ello conlleva, desde las dificultades para trasladarse, la dureza de la vida en el campo, el caudillismo político del burgomaestre, y sus problemas familiares. Ante todos estos problemas Van Taeke opondrá su férreo carácter y cumplirá con su deber aunque ello le signifique arriesgar la propia vida o granjearse el odio del burgomaestre. La película no queda en eso, pues está entrecruzada por varias anécdotas y pequeñas historias que enriquecen el relato, un hombre que se suicida a causa de su mujer, otro que dice ser el más valiente del pueblo y no temer a nada, una mujer que vive con un paño en cara, un hombre que jura que le descubrirá el rostro, Cis y su extraño encuentro con una gitana, etc.

Sin más que dar mil y una gracias a eurídice por una nueva traducción, los dejo en compañía de esta belleza de película sobre la dignidad, el deber y unas cuantas cosas más. Que disfruten de la función.
FA 4971

viernes, 10 de agosto de 2012

Roman Polanski - Carnage (2011)


Roman Polanski nos trae con ‘Un dios salvaje’ (’Carnage‘, 2011) una comedia divertidísima en la que los actores están sembrados, especialmente Christoph Waltz, que es quien mayor nota cómica imprime a las interpretaciones, aunque su personaje ya esté definido desde el inicio con los mismos matices con los que finalizará. La intervención de Jodie Foster hace pensar en una parodia de las actuaciones dramáticas y exageradas de las grandes divas del cine que obtienen gracias a ello premios y reconocimiento –“No me hables del sufrimiento en África…“–. Kate Winslet, con un comienzo reservado, es quien encarna de manera más canónica lo que la obra quiere plasmar: la fragilidad de esa capa de buenas maneras que, unos más que otros, todos tratamos de anteponer en las relaciones sociales. John C. Reilly encarna al personaje con mayor evolución y casi el único al que la destructiva situación le resulta producente.
Rodando la casi totalidad del film en un decorado que finge ser Nueva York, no solo por los edificios que se proyectan por la ventana, sino también por el gusto burgués cultivado que sus habitantes parecen haber impreso en la elección del mobiliario y los complementos, Polanski no ha hecho ningún esfuerzo de darle una apariencia cinematográfica a su adaptación de Jasmina Reza, pues solo se da el respiro de un exterior al inicio y al comienzo, con sendos planos fijos de los niños en el parque. El resto del breve metraje transcurre en lo que casi podría considerarse una única escena en el interior del apartamento.
La obra, sobre dos matrimonios que tienen que charlar civilizadamente sobre que el hijo de unos ha agredido al de los otros; contiene en sí misma cambios de tempo y un marcado crescendo en los humores de los cuatro personajes, provocado por la introducción de información anteriormente no conocida, que pone cabeza abajo la situación: la supuesta víctima podría ser el auténtico abusón. PeroPolanski no parece haber sabido o querido marcar bien estos momentos. Unas falsas divisiones creadas por los intentos de “huida” del matrimonio invitado, que son constantemente infructuosos –no siempre son verosímiles los motivos por los que vuelven a entrar en la casa, pero eso carece de importancia– parecerían marcar más los giros o cambios de tempo que el propio texto en sí. Con ello,la progresión no queda del todo clara y menos aún la cercanía de una conclusión o redondeo de la discusión.

La crítica social en ‘Un dios salvaje’
Mi primera tendencia fue a pensar que quien no conociese la obra de antemano podría perderse las implicaciones socioculturales que siempre sabe estampar Jasmina Reza. Deslumbrada con la observación cáustica de los comportamientos que la autora consiguió en ‘Arte’, cuando presencié ‘Un dios salvaje’ representada en Madrid, dirigida con un tratamiento mucho menos cómico por Tamzin Townsend, adaptada por Jordi Galcerán, e interpretada por Aitana Sánchez Gijón, Maribel Verdú, Pere Ponce y Antonio Molero; entendí en ella un análisis de cómo caen rápidamente las corazas de la educación que no me pareció tan claro en el film. Me parecía que, si bien Polanski no las elimina, sí pierden importancia para dejar protagonismo al humor.
Reflexionando un poco más sobre este contenido que subyace al texto, quizá la conclusión es que eso es lo que hay, es decir: que es posible que, en esta ocasión, la aportación de Reza no haya sido tan profunda o haya observado algo tan original y difícil de captar, sino que se haya quedado en sacar a la luz algo certero, pero no especialmente rompedor. Así, esa sensación de que solo quien conociese previamente el libreto teatral podría ver en la película unas intenciones y un contenido profundo deba cambiarla por el pensamiento de que no será en ningún caso un film cargado de una crítica social tan necesaria como un entretenimiento bien armado y con una sólida base.
Conclusión
Superando de tal modo que casi se aplasta el contenido y la posible observación cultural del texto, la película destaca incontestablemente gracias a las interpretaciones de sus cuatro exclusivos actores, dirigidos por un Roman Polanski que vuelve a sus escarceos con el humor y la liviandad. O bien al director le importaba poco el tema y ha preferido divertirse con esta adaptación, como quien juega con cuatro amigos en el salón de casa; o bien lo que partía con mayor atención hacia los mensajes se ha ido de las manos de los cinco artífices –actores y director– para cobrar una vida propia, incontrolable siquiera en la sala de montaje. Sea como fuere, ese gran rato que parece que ellos hubiesen pasado, se contagia para hacer de ‘Un dios salvaje’ una película inmensamente gozosa, con momentos de auténtica hilaridad. Que no quede más redonda en cuanto a la forma de cerrar la historia, que no deje traslucir unas intenciones muy marcadas o que dé la impresión de ligereza solo indican que le falta un plus para ser perfecta y sublime, pero no suponen una merma de su brillantez.
FA 4909