miércoles, 27 de junio de 2012

Mia Hansen Løve - Un amour de jeunesse (2011)


"Elegante y ensimismado grabado sobre la anatomía del primer amor de preciosa cobertura pero aún más valioso mensaje.

Con tan sólo veinticinco años la joven actriz Mia Hansen Løve debutó en la realización con Todo está perdonado (Tout est pardonné, 2007), un refinado filme sobre la paternidad presentado con éxito en la Quincena de Realizadores de Cannes. Una credencial que la marcó como el gran valor del cine galo de autor en este comienzo de milenio. Algo que corroboró con su segunda película, El padre de mis hijos (Le père de mes enfants, 2009), que obtuvo la mención especial del jurado en la sección Una cierta mirada de Cannes el año de su estreno. Un inicio de carrera ejemplar y con cierta grandilocuencia que contrasta con el noto intimista y autobiográfico de sus obras. Con referencias claras a la Nouvelle Vague, la cineasta parisina ahonda en lo más profundo de su memoria como estructura arquitectónica de su filmografía. Unos recuerdos con claroscuros que pasan de la esencia familiar de sus dos primeras cintas a la melancólica mirada del primer amor. Ese que marca y jamás se olvida. Esa desgarradora sensación que se mantiene para siempre. Mención especial en el prestigioso y tradicional festival de Locarno (Suiza), Un amour de jeunesse (2011), nos acerca con tono lírico al evocador primer susurro del amor. Un hecho que no contiene ningún tipo de directriz o edad pero que supone el paso definitivo del umbral de la infancia. A partir de ese instante toda la evolución vital irá acompañada por ese convergente fondo que marcará el ánimo y las fuerzas de nuestra existencia. Un concepto atávico, inherente a la humanidad, que contiene un gusto amargo pero también esperanzador. Una conmoción que siempre perdura y que Hansen Løve extrapola a la joven Camille (interpretada de manera casi estoica por Lola Créton) tras la marcha de su novio Sullivan (Sebastian Urzendowsky) a Sudamérica. Todo exhibido de forma silenciosamente dolorosa, dolorosamente bella.

Un amour de jeunesse es una alegoría articulada en una enorme elipsis que sitúa el lento desarrollo de su protagonista. Nos muestra situaciones mil veces reflejadas en el celuloide pero sin caer en concesiones o edulcorantes. Pese a centrarse en el dolor mantenido de Camille su esencia va más allá de la experiencia individual, convirtiéndose en un didáctico tratado de como el ser humano se comporta de manera diferente ante el mismo hecho. La narración no se posiciona de ningún lado solo emite los anhelos de dos jóvenes que luchan por la libertad. La libertad de amar pero sobre todo la de vivir. Mia Hansen Løve y su lente captan los diferentes ritmos y emociones de forma realista y etérea un estilo que recuerda, salvando las distancias, al impreso por Richard Linklater en su díptico romántico Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) – Antes del atardecer (Before Sunset, 2004).

Un taciturno París cobra vida como acompañante de estas almas que se resignan a creer que el pasado seguirá siendo eso, pasado. Un impresionante carrusel de imágenes desfilará por nuestra retina y pese a que el ritmo o la momentánea autocomplacencia baja en definitorios instantes el nivel, su semilla quedará impregnada en la mente de una platea que en variante medida también sentirá esa aflicción como propia. El plano final con el tema The Water de Johnny Flynn es el camino elegido o inducido en todos nuestros casos. Un perfecto epílogo, todo sigue su curso sea cuál sea. El amor como un resplandor – parafraseando levemente al maduro profesor interpretado por un sensacional Magne Håvard Brekke – que aparece gracias a la luz y que a su lado también acompaña la oscuridad.
FA 4808

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